jueves, 19 de julio de 2018

En busca del Valle de los Caídos, de la lluvia y de las Velutinas.



La arena estaba mojada


Como si un chaparrón de gotas de agua afiladas y sin escrúpulos se empeñara en tatuar la playa de soledad. Y el aroma, ese aroma a un verano que se hace derrogar, que llegará pero no se sabe bien ni cuando ni por qué. No es que el norte de la vieja Iberia tenga el mejor clima para disfrutar de las playas, pero sabemos que el aire cálido procedente de África nos deja momentos de júbilo y descanso en la horizontalidad de la toalla playera. Ese aire llegará, como llegaron las lluvias cuando los "expertos de salón" pronosticaban que este sería uno de los años más secos de la historia. Y no deja de caer agua. El calor vendrá y las estaciones seguirán bailando su cumbia climática, de la cual seguramente escriba en otra ocasión

El segundo levantamiento

No no se asusten, que no van por ahí los tiros (es una forma de hablar). Pedro Sánchez (PS), el presidente del gobierno de España al que mejor le quedan las gafas de sol, ante los problemas de trabajo, la precariedad de los sueldos y pensiones, la corrupción de unos y otros, la turra del independentismo catalán y el desastre de la selección española en el mundial de Rusia, ha decidido tomar la sartén por el mango y tratar el tema Franco (menudo pareado). Si, querido lector, el tema Franco. No me refiero a los franceses. Si no al generalisimo. Le resumo como está la cosa a día de hoy; resulta que el gobierno de PS quiere quitar la tumba de Franco de la  basílica del Valle de los Caídos, como señal de respeto para los muertos en la cruel guerra fraticida española. Cuestión de respeto. Y con el respeto no se juega.

El problema es que la familia Franco no se quiere hacer cargo de los restos. ¿Qué hacer con ellos? La verdad que es un problema generado con la muerte ya del propio dictador, ya que el mismo no quería ser enterrado allí, pero oye, para algo se ha hecho semejante monumento y tremenda cruz.

Un detalle para terminar. El valle de los caídos es una cosa, y la basílica otra. Es un espacio religioso que está dirigido por la orden benedictina. Es decir, todo lo que pasa dentro depende de la orden y es una orden francesa ( pues al final si que es un tema Franco) y hay que pedir permiso a esa orden para el posible traslado de los restos. Total, que el tema Franco depende de los franceses, exactamente igual que cuando el sitio de Zaragoza. Veremos en que termina el asunto. 

Velutinas asesinas

Las velutinas es una avispa asiática que tiene una curiosa afición digna de Roma. La Velutina, viene, ve y vence. Elimina cual legión romana a la avispa autóctona y conquista su terreno. Realmente es algo común en el mundo animal, y tiene que ver fundamentalmente con el cambio del clima y como las especies buscan nuevos hábitats. Pero ese carácter exterminador  es lo que hace que se considere una especie invasora peligrosa. Bueno eso y que mata gente. Los medios de comunicación llevan unos días gloriosos anunciando ( a día de hoy) 3 muertes por picaduras de esta especie de avispas. Los titulares son del tipo : Muere otra persona por picaduras de Velutina. Si es correcto, a medias. Mueren por ser alérgicos a la picadura de la avispa, como morirían si le picara nuestra querida avispa de toda la vida. Pero vende y da más lustre.

No se asusten, todos los años muere gente por picaduras de avispa común y es posible que ahora mismo ya hubiera algún fallecimiento. Pero no eres Velutina. Y si no eres Velutina o no fichas por la Juventus no hablan de ti.


Buen camino.


martes, 10 de julio de 2018

El sendero de Felices Desencuentros. Parte 3 y 4 (FIN)


III 

Tormenta

Sofía se despertó sudorosa, y se incorporó tan súbitamente que se golpeó la cabeza contra el somier de tablas de la litera superior. Estaba tan frustrada de acabar así su sueño que apagó el despertador de una sonora palmada. Se levantó despacio y caminó con suma levedad los dos metros que le separaban del aseo. Eran las 5:30 de la mañana y no quería despertar a sus tres compañeros de habitación. Alguno acababa de llegar del trabajo.

Sofía encendió el fluorescente del baño que, como siempre, tardaba casi siete segundos en encenderse, después de parpadear insistentemente. Lo tenía más que cronometrado. “Maldito y asqueroso fluorescente” susurraba mientras lo miraba con la mayor cara de desprecio. En el pequeño y desquebrajado espejo observó aquel mar de ojeras epílogo de las pocas horas de sueño y preludio de las pocas que vendrán. La jornada de hoy sería demasiado larga. Y lo peor es que no había empezado todavía.

“Es el paraíso, la nueva tierra de oportunidades, muchos en tu situación ya se fueron, allí si te sabrán valorar…” Recordaba mientras apoyaba la cabeza contra el vagón del metro. El vaho de su respiración dibujaba una niebla en su mirada. Y en sus ojos un meandro de lágrimas.

Como casi todos los días no sabía qué le depararía la jornada. Trabaja para una empresa de mudanzas, y dentro de la misma, tiene un contrato a tiempo parcial con una empresa de trabajo temporal. Es uno de esos magníficos minijobs de los cuales hablan  tan bien en los informativos de televisión. Lo maravilloso de su contrato es que puede trabajar a cualquier hora del día, según le digan la víspera, por lo que no puede organizar una rutina semanal de manera normal. Bueno, esta semana sabía que tenía que trabajar 4 días en el traslado de unas oficinas administrativas de una importante maderera. Jornadas de nueve horas en una zona industrial alejada de su barrio, ya por sí el extremo del extrarradio de la ciudad. “Siempre puede ser peor”, pensó. Comenzó a llover.

Este trabajo solo era un pétalo de la maldita flor. Como muy tarde salía de trabajar a las 17:00 y de 18:30 a 22:00 se ponía el delantal en una hamburguesería sirviendo menús colapsados de grasas trans. Sobrevivir era la única opción. Pagar el alquiler del piso, la primera necesidad.

La mañana del sábado la empleaba en repartir curriculums por los principales medios de comunicación de la ciudad, y una batería de emails a los de todo el país. Existía demanda de periodistas españoles. O eso le dijeron. Por la tarde tiene trabajo en la hamburguesería hasta cierre. Por la noche solo piensa en dormir.

El domingo es su día libre, y normalmente queda con sus compañeros de piso. O de trinchera, como decían ellos. Dan una vuelta por el centro, debaten sobre sus sueños y  expectativas a corto plazo. Hablar incluso de medio plazo era una soberana locura. El problema era la tierna angustia de saber que mañana tocaba otra mudanza y más hamburguesas. Y más madrugones, y otro resbalón en la memoria, y mandar más curriculums, y otra llamada por Skype fingiendo la creencia de que las cosas van a mejorar. E intentar sentirse útil y valorada, cuando casi ya no confías ni en ti misma. 


IV
Septiembre
Las uvas ya deben estar maduras”, susurraba Sofía mientras dibujaba un sol sonriente en el cristal de un viejo vagón de metro.


miércoles, 13 de junio de 2018

El sendero de Felices Desencuentros. Parte 2



II

Otoño.

Las primeras hojas sin aliento de los castaños cubrían el camino que desemboca en la casa de Sofía. Aunque el chico del tiempo, como decía su abuela, dijo que el frío estaba a la vuelta de la esquina, los días se mantenían soleados y con una temperatura más que agradable. Desde la terraza se visualiza la gama cromática de ocres como en una cascada de letargo anticipado. Al fondo, las colinas dejaban paso a la gris piel de roca y al dulce precipicio que desemboca en el Sil, vestido con el verde oscuro de sus mejores galas. Sofía respiraba profundo los restos del Nordés abriendo la palma de las manos para sentir su caricia. “Esto es lo más parecido al paraíso” pensó, mientras perdía la mirada observando el vuelo de un pequeño y simpático gorrión.
Los días pasaban despacio y en su cuaderno de bitácora iba anotando con tinta de ayer lo que ese verano/otoño había deparado; risas, bicicleta, viaje a Roma, amigos, nostalgia, cachorritos de Lana, playa de San Jorge, conciertos, despedidas, corte de pelo, nuevo ciclo, disco de Quique González, boda de Paula, primeras palabras de su primo Andrés, amor pasajero, partituras….. Sentía que tenía la llave de miles de cancillas. Solo tenía que buscar, reflexionar y decidir. Y entrar con la ilusión y el nerviosismo de la primera vez y la responsabilidad inexperta el primer día. 


No había prisa. Sofía creyó siempre que su oportunidad llegaría sin más. Solamente había que estar preparada. Se remangó el jersey y dejó a un lado sus pensamientos. Era hora de poner la mesa para la cena. ¡Y qué cena! Gran parte de la familia se había reunido para demostrar el buen gusto ancestral que tenemos los gallegos por la comida. Una pena que el vino nuevo aún no esté listo. Listo si que estaba el cocido, y el olor a castañas que subía lujurioso por las escaleras que dan al patio. El reconvertir un viejo bombo de lavadora en un asador giratorio había sido una idea fantástica. El padre del invento era su tío Javier, el cual no tenía nada que envidiar a MacGyver.  Era el manitas de la familia, capaz de coger un trasto inservible y reconvertirlo en algo funcional. Era el responsable de I+D+i de la familia. Sofía se reía mucho con él, aunque creía que pegarle una radio a una caña de pescar, para así poder escuchar los partidos del Deportivo mientras remontaba el río, tampoco se le podía considerar invento transgresor. Pero aún así se lo aplaudía.
La cena terminó con el típico baile de salón de botellas de licores caseros por la mesa. Mientras su padre colocaba el tapete y buscaba honorables rivales para jugar al tute, Sofía se levantó para recoger la cafetera y algún otro pocillo que quedaba disperso por la mesa. Entonces, en ese preciso instante, sonó el despertador.