martes, 2 de marzo de 2010

La pena de muerte: ¿Justicia o mera venganza legal?

“Eran la imagen de la mayor desolación humana. Eran incapaces de articular palabra, de encender un cigarrillo, de tragar saliva, de mirarse unos a otros, de suspirar, de confortarse con el tacto, de estallar en llanto…” Estos hombres desolados eran los ejecutores voluntarios de las “sentencias cumplidas”. Era Octubre de 1975, en el campo de tiro de E Palancar, y se acababan de cumplir las tres penas de muerte, que junto con otras 2 ejecutadas el mismo día en otro punto del país, constituirían las últimas ejecuciones en nuestro país. En 1978, la Constitución Española abolía, en su Artículo 15, la pena de muerte, pero mantenía en el mismo la coletilla “salvo en tiempo de guerra, en que lo puedan disponer las leyes militares”. En 1995, el código Penal Militar, suprimía definitivamente, la pena de muerte en nuestro país.

Lamentablemente, y a pesar de los claros avances en materia de Derechos Humanos que se han producido en los últimos años, la pena de muerte sigue vigente en numerosos países del mundo. La gran mayoría en África y Asia, países en vías de desarrollo, pero no podemos olvidar a 2 países del “primer mundo”, que mantienen y ejecutan la pena capital. Hablo de los Estados Unidos de América y de Japón, donde numerosos reclusos son “ajusticiados” cada año por los más diversos procedimientos.

Pero, la pena de muerte es a día de hoy, y a juicio de quien esto escribe, un castigo inhumano, fruto más bien de la sed de venganza del ser humano que de una verdadera búsqueda de la justicia. Y es que, conducir en pleno siglo XXI a un preso al patíbulo, siguiendo el funesto ritual de que se tiñen estos asesinatos legales, no deja de ser algo anacrónico. El fin último no es hacer justicia, sino vengarse, demostrar “mano dura” contra el crimen, en la creencia de que, de este modo, los criminales se lo pensarán dos veces antes de delinquir. Craso error; la pena de muerte no contribuye en absoluto a reducir las cifras de criminalidad, que por el contrario, se mantienen tan elevadas – cuando no más – que las de los países que, como todos los miembros de la Unión Europea, la han abolido. Y la justicia ha de ser eso: justicia, no venganza. A día de hoy, en España, se abre el debate sobre la Cadena Perpetua, un debate legítimo, pero que no debiera pasar de eso, de ser un mero debate, ya que nuestro sistema legal se basa en la reinserción del preso en la sociedad, en su reeducación, y no en el aspecto punitivo. Es cierto, que hay criminales que no son capaces de reinsertarse en la sociedad, y tal vez sea necesario estudiar medidas específicas para corregir ese fallo del sistema, de triste actualidad, con motivo del asesinato de Marta del Castillo, y la excarcelación de uno de los crueles asesinos de Sandra Palo, que para más INRI, ha delinquido en reiteradas ocasiones desde su puesta en libertad. Pero, ¿sería la solución a este problema la pena de muerte para los asesinos? ¿o simplemente saciaríamos así nuestra sed de venganza? Para mí, está claro, si ejecutamos a alguien, si condenamos a morir a un criminal, por muy atroces que sean sus crímenes, nos convertimos en algo idéntico a ellos; seremos unos asesinos amparados por un código legal.

Finalizo pues, mi breve alegato en contra de la pena capital, con una reflexión del abogado Alberto P. Cáncer, colaborador de la revista Muy Interesante, opuesto también a la pena capital, que en uno de sus artículos decía, no sin razón a mi juicio que, “la pena de muerte, supone el fracaso del sistema legal que la aplica".

No hay comentarios:

Publicar un comentario