viernes, 30 de abril de 2010

Los políticos y su política


“Bien sabe usted que no le tengo ninguna simpatía, ni creo que se la llegue a tener nunca. Pero por nada del mundo hubiese yo permitido que aquí le pusieran a usted una mano encima”. Eran las 11:56 horas del 24 de febrero de 1981, y los diputados esperaban a que diese comienzo su salida del Congreso. Manuel Fraga se acerca a Bandrés y le espeta esa demoledora frase a su visceral enemigo político, en medio de una mirada emocionada que ambos políticos se dirigen resaltada aún más si cabe por el silencio del momento. Esa frase, podría resumir sin más lo que fue la POLÍTICA, con mayúsculas en nuestro país entre finales de los 70 y principios de los ochenta. Una lucha leal de auténticos caballeros y damas que, sin compartir sus ideas, se mantenían un mutuo a la par que profundo respeto. Respeto que se vivía a todas horas y en todos los lugares donde la vida política de la Democracia recién estrenada se llevaba a cabo, no sólo en el Congreso y en el Senado, sino también en Diputaciones, las nacientes autonomías y por supuesto en los Municipios. Una lealtad que llevaba a situaciones como la vivida en ayuntamiento de Madrid, cuando el líder de la oposición, el señor Álvarez del Manzano, pedía respetuosamente la dimisión del entonces Alcalde de la Villa, Don Enrique Tierno, no sin antes de iniciado el pleno, advertir al Viejo Profesor de que en éste, le plantearía su petición de dimisión; situación que permitió a Don Enrique responder a tal petición con su habitual verborrea llena de cultismos.

Pero parece que, acabada la Transición, se acabó también con esa forma de hacer política, desde el respeto, buscando siempre el acuerdo y trabajando sin descanso hasta conseguir un consenso en el que, esos que algunos llaman ahora “dinosaurios” con tono despectivo, dejaban de lado lo que les separaba para aproximarse más en lo que les unía. El más fiel reflejo de esa vida política lo encontramos en nuestra Carta Magna de 1978, nacida de, como decía el veterano político catalán Miquel Roca, uno de sus padres, “la renuncia a muchas cosas, para conseguir otras más importantes”, renuncia que todas las formaciones políticas, con independencia de su ideología, llevaron a efecto con la mente puesta siempre en aquello en lo que todos estaban de acuerdo: España debía ser una Democracia en a que todos tuviesen cabida, con independencia de las ideologías de cada uno.

Pero el panorama político actual es muy distinto. Ya no asoman latinajos, cultismos y citas célebres, dignas de recordar por la Historia, en los plenos municipales o de las Cortes Españolas. Quedan éstos bien reducidos a ciertos políticos de raza, alguno de ellos de los calificados como “dinosaurios”, apelativo que también me permito usar para definirlos, pero con un significado para mi bien distinto del que otros le dan: son unos gigantes de política, unos fieras que, como ocurría con ciertas especies de dinosaurios de la antigüedad, o con el lobo a día de hoy, saben trabajar en equipo para obtener resultados beneficiosos para su manada; manada que hoy es de más de 46 millones de individuos o, lo que es lo mismo, el total de la sociedad española actual. Y así se mantiene Don Manuel Fraga, aplacando disputas en el Senado. Don Santiago Carrillo, ese comunista que fuera presentado por su enemigo político, Don Manuel, a la sociedad democrática en el Club Siglo XXI. Y cómo olvidarlo, ése nacionalista catalán que, en ocasiones, parece ser el único elemento cabal de la Cámara Baja; hablo del culto, pacífico e inteligente Josep Antoni Duran i Lleida – que me disculpe si no lo he escrito bien-.

Pero pese a estas excepciones –algunas más hay, claro está- , como digo ya no hay respeto. Hemos olvidado todo lo aprendido en épocas duras. El Gobierno, parece no saber hacia a donde tirar, con ministros y ministras “floreros”, esto es, que poco o nada hacen sino decorar y rellenar la foto, para que quede bonita. Nada de especialistas en las distintas áreas de gobierno, con notables excepciones. Y la oposición… ¿que voy a decir que no sepa ya? El principal partido de la misma, ejerce una oposición desleal, centrada solamente en desgastar a un Gobierno que, de por si, no es capaz de más, por la falta de talante, de carácter y de ideas –hasta de libertad para trabajar, me inclino a pensar- de quienes lo componen, comenzando por el Primer Ministro, y siguiendo en orden descendente –y es que ya lo decía Alfonso Guerra, “que nadie se piense que es Bambi”- .Pero estaba con la oposición, desleal, si, falta de ideas, también, pero falta sobre todo de una dirección fuerte que sea capaz de plantear una alternativa real, de centro, moderada y progresista al actual Gobierno. Y luego están los demás partidos de la oposición, y ahí es cuando uno siente vergüenza ajena. Los anacrónicos comunistas de IU, los nacionalistas radicales de izquierda de ERC y del BNG. Los nacionalistas cómplices de los terroristas de ETA –cómplices por su silencio y omisión- del PNV y de NA-Bai. La tránsfuga socialista, nada GALLEGA por cierto, de UPyD. Y dos partidos nacionalistas moderados, de centro derecha, que ahí es cuando los ciudadanos deberíamos sonrojarnos, que parecen tener más sentido de Estado que PP, PSOE e IU juntos; hablo de CC y CIU, más concretamente de éste último.

Pero no sólo me sonroja que los políticos ya no hablen y discutan civilizadamente para alcanzar el consenso y, a través de éste, mejorar el país y a sus ciudadanos. Lo me sonroja e irrita terriblemente es ver las Cámaras vacías, con sus Señorías desaparecidos en combate como se suele decir –más de uno sólo ha pisado la Cámara para recoger su acta-, desapariciones que se producen de forma continua y que, han llevado en alguna que otra ocasión, a que ciertas leyes no pudiera ser aprobadas por el propio partido que las había presentado como proyecto, por ausencia de sus diputados. Y todo ello, cobrando sueldos y dietas millonarias Y EN TIEMPO DE CRISIS.

Y llegamos a la crisis. Nada nuevo que aportar aquí, puesto que ya todo se trató, con pleno éxito por cierto, en 1977, cuando la anterior crisis económica, tan grave o más que la actual. Pero era 1977 y, en lugar de pelearse como colegiales enrabietados, el Gobierno y la Oposición de entonces sí que fueron capaces de sentarse a debatir posibles soluciones; el lector ya sabrá que fruto de esas reuniones de Gobierno, Oposición, sindicatos, etc… salieron los famosos Pactos de La Moncloa, que nos permitieron salir adelante en tan dura época de nuestra historia. Casi como ahora, vamos.

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