domingo, 11 de abril de 2010

Una reflexión sobre las redes sociales

Me encuentro, mientras escribo estas líneas, en la soledad del piso en Santiago, sentado en el sofá, con el calor del portátil sobre mis rodillas, y observando con divertida curiosidad los interesantes comentarios del talibán Eduardo Inda sobre la resaca del clásico futbolístico nacional.

No vamos a hablar de esto ni mucho menos, para eso disponemos de blogs mucho más especializados. La idea que ha asaltado mi mente viene precedida por la situación en la que me encuentro en este momento: Desgraciadamente no me incluyo entre esas personas que se jactan de no pertenecer al mundo de las redes sociales, de hecho, ahora mismo estoy conectado a la vez, como muchos otros, al facebook, al tuenti e incluso tengo abierto el messenger. Y esto último es lo que me ha motivado a escribir esta entrada: a pesar de todas estas posibilidades de comunicación instantánea, y de mis esfuerzos para mantenerla, nadie en este momento se ha molestado ni tan siquiera en saludarme.


Después de un largo viaje hasta Santiago que me ha llevado toda la tarde, con la única compañía de la radio galega y su "Galicia en Goles", la única bienvenida a mi llegada a casa ha sido la producida por los halógenos de la cocina. Me he instalado, he cenado con la compañía de las motos en Teledeporte y lo más parecido a una relación humana que he mantenido ha sido contestar comentarios en este blog, algo que tiene su encanto por aquello del parecido con mantener una correspondencia por carta, como la que mantenía en mi infancia con algún que otro familiar, pero que dista bastante de lo que es un diálogo común con otro individuo.
Que nadie se lleve a engaño, a pesar de este depresivo párrafo, me encuentro bien anímicamente. Es más, todo esto me resulta bastante simpático. El poder de las redes sociales me parece enorme, más para sus propietarios sobre todo en el plano económico, pero también para sus usuarios, proporcionando una herramienta muy potente que nos permite llegar de una forma más eficaz a la información que buscamos y en el mismo momento que ésta se produce. El mismo facebook me ha permitido retomar contacto con viejos y viejas compañer@s de la juventud de los que desconocía su paradero, mantener contacto con familiares que viven en países tan alejados como Australia o poder intercambiar opiniones con mis amigos mientras me entero, por ejemplo, de la noticia de las colisiones a 7 TeV en las entrañas del acelerador de partículas suizo.


Sin embargo, se trata de un mundo lleno de paradojas. Todos conoceremos ejemplos de personas con las que apenas cruzaríamos un par de palabras si nos la encontráramos de frente por la calle (muchas veces ni eso) pero con las que no tenemos ningún reparo en agregar y, por consiguiente, otorgar el estatus de "amigo". Una palabra, que para mi tiene un significado y unas connotaciones enormes, pero que para estas redes queda devaluado a un simple número, muchas veces de incluso 3 cifras.

Un caso aparte son las aplicaciones. Esta herramienta, pieza clave en la rápida extensión y la popularización de facebook, a producido también una devaluación del sistema, una proliferación de aplicaciones "spam" y un peligroso y sencillo modo del "robo-venta" de información personal por parte de empresas y particulares, incluído el propio facebook. Si preguntáramos a cualquier persona, ya bien entrada en la veintena, alguien al que consideraríamos "adulto", hace 3 ó 4 años, si estaría interesado en jugar con sus amigos a ver quien planta más patatas en una granja virtual, si le gustaría realizar un test sobre si su personalidad se asemeja más o menos a la del personaje de "Bob Esponja", o si se declararía públicamente fan de Chuck Norris, probablemente se habría reído de nosotros o nos tacharía de lunáticos. Pero esta es la "magia" de internet.

Hagamos un ejercicio de "retrosíntesis": Esto me ha ocurrido a mi y puede que a muchos todavía no le haya pasado; y es el haberme perdido de quedar con alguien, ya sea para salir u otra cosa, por el simple hecho de no haberme conectado ese día para ver el supuesto mensaje, evento o similar. Volvamos al punto en el que estas "herramientas de comunicación" no existían y tan sólo disponíamos de teléfonos móviles. ¿Estábamos más o menos comunicados con nuestro círculo cercano? Yo pienso que el nivel de relación era, cuando menos similar. Otros dirán que los móviles no nos permitían mantener una comunicación periódica con individuos en regiones alejadas del globo, pero, si de algo me he dado cuenta en estos últimos meses, es que con éstos tampoco he mantenido ningún tipo de relación, más allá de un par de mensajes en ocasiones señaladas, por el simple hecho de que, al no poder estar nunca juntos, realmente no he tenido nunca de que hablar...
¿Y antes de la existencia de los móviles? Aquí hay múltiples opiniones y la situación de cada uno es diferente, así que sólo puedo dejar constancia de la mía: Antes de tener móvil me mantenía perfectamente comunicado con aquellas personas con las que necesitaba estarlo, teníamos las postales en navidad, teníamos las cartas, una práctica que me parece fabulosa y entrañable, y es una pena que se esté perdiendo, y no tuve móvil hasta poco antes de venirme a estudiar fuera, y una de las razones, entre otras, fue el hecho de que las cabinas de teléfonos empezaban ya a entrar en peligro de extinción.


Llegado este punto me gustaría hacer una reflexión: Nos creamos nuestra propia cuenta en esta red virtual, y comenzamos agregando a nuestros amigos y familiares más cercanos. Pronto, vamos descubriendo, nuevas y grandes posibilidades que nos ofrece este mundo, redescubrimos a antiguos amigos y compañeros, conocemos gente nueva, la que rápidamente nos da acceso a sus vivencias. Poco a poco nos creamos nuestra propia red social, tenemos más y mejores amigos que la mayoría, colgamos nuestras mejores fotos, mostramos esa parte de nuestra vida de la que estamos orgullosos o incluso de esa vida que nos gustaría realmente tener, hasta que llegado a un punto nos damos cuenta de que ese "yo" virtual nos gusta bastante más que nosotros mismos, con el ligero incoveniente de que no es real. Esto no pretende ser una crítica, de entrada he alabado las posibilidades que esto nos ofrece, pero en mi opinión, nuestro mundo virtual, internet, ha avanzado y avanzará siempre muy por delante de las propias posibilidades del ser humano para poder adaptarse a estos cambios de una manera y con una mentalidad suficientemente madura para afrontarlos con total garantía.
Nos guste o no, estamos abocados a ello.

P.D: Muchas gracias por haberme permitido participar en este blog y disculpad la tardanza en la publicación. Saludos

1 comentario:

  1. Abocados y de cabeza....


    Gracias a ti Kímico Mc :) .ES un placer contar contigo.

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