domingo, 30 de mayo de 2010

Los secretos y Joaquín Sabina. Curiosa relación.

A principios de 1991 Enrique Urquijo estaba en un bar y allí coincide con Joaquín Sabina. Enrique, inmerso en el proceso de composición del álbum Adiós tristeza, le pregunta si no tendrá por ahí algún material que él pueda utilizar porque anda escaso de ideas. Sabina le enseña un papelito con dos estrofas medio garrapateadas, y Enrique se lo queda para posteriomente terminar la letra completa de la canción que después titulará Ojos de gata. Sabina, mientras tanto (y sin saber que Enrique ha completado esa letra, le ha puesto música y la piensa incluir en su próximo álbum), hace lo propio y termina Y nos dieron las diez.

Es entonces cuando Enrique llama a Sabina y le explica todo lo que ha ocurrido, y Sabina, atónito, le cuenta que él también utilizó esa letra, aunque de todas formas no hay mayor problema porque no piensa incluirla en su próximo disco. Después cambia de idea y llama a Enrique para comunicarle que irá en el disco, pero no será single (lo que tranquiliza bastante a Los Secretos, con el disco ya en prensas, y con Ojos de gata previsto como single para octubre/noviembre de 1992). En abril de ese mismo año aparece Física y química, el primer single es Y nos dieron las diez, y la música recuerda bastante a la de Ojos de Gata. Los créditos del disco de Los Secretos atribuían, como es lógico, la canción a Enrique Urquijo y Joaquín Sabina, pero los de Física y Química sólo reconocían a Joaquín Sabina como autor de música y letra.







Como dato curioso (otro más…), un tiempo después, Sabina le dio a Enrique una letra completa para que le pusiera música y pudieran firmarla entre los dos, a medias, de la que Enrique se desentendió por completo y fue su hermano Álvaro quien rubricó (en el siguiente disco de Sabina, Esta boca es mía, de 1994) la conocidísima Por el bulevar de los sueños rotos.






lunes, 24 de mayo de 2010

Cazadores furtivos de intimidades

Por Carmela Díaz


El morbo que despiertan las vidas ajenas nunca he alcanzado a comprenderlo del todo: quizá porque todas mis energías están focalizadas en vivir la mía apurando cada segundo.

Es obvio que determinada prensa y la proliferación de programas dedicados a desmenuzar obra, milagros o entrañas de famosos, famosillos, seudo-famosos y personajes inclasificables es debido a que tienen su público, son rentables para sus promotores y hay voluntarios que se prestan al juego. Absolutamente nada que objetar: cada cual es libre de dirigir su vida como le plazca. Si la venta de intimidad cotiza a la alza y es negocio para los que tienen estómago de salir a la calle sabiéndose la comidilla de toda España, adelante. Si los hay que quieren formar parte del juego de la rumorología no contrastada, las infamias indiscriminadas, los juicios paralelos y la pérdida de dignidad, es su decisión. Si algunas buscan fama rápida o incrementar cuenta bancaria cazando partidazo para conseguir bolos o rentabilizar esa relación vía posados monótonos sucesivos, están en su derecho de engrosar la lista de mujeres florero. Si los hay que alimentan ego coleccionando pibones de aúpa para su lucimiento personal, mejor para ellos. Pero como dirían los americanos, hay víctimas colaterales: lo que para algunos es distracción y entretenimiento para otros es vergüenza y sufrimiento. ¿Cómo deben sentirse padres, hijos, maridos y mujeres observando como los suyos son despellejados públicamente? Y ni te cuento lo tremendo de enterarte por la prensa de las traiciones del corazón que te afectan a ti y sólo a ti…


No olvidemos a los más perjudicados: los que atesoran secretos que serían bomba de relojería mediática, pero se han cuidado de mantenerlos bajo siete llaves -aunque como dicen los servicios de inteligencia: “si no quieres que algo se sepa, no lo pienses”-. Sus motivos tendrán los susodichos para no salir a la palestra: mantener anonimato, conservar -o conseguir- un prestigio profesional, urticaria a compartir con el mundo relaciones íntimas, ser reconocido por el talento y no por la entrepierna, conservar identidad propia, mantenerse alejados de la carroña humana… Y de repente… ¡Zas! ¡Pillado! Su rostro comienza a inundar la prensa, imágenes robadas emitiéndose de programa en programa, fotógrafos en la puerta de trabajo, casa y coche, “alcachofas” a tutiplén asfixiándole al pisar la calle, fulanitos que dicen conocerle desde el colegio inventando detalles relativos a una inexistente amistad… En contra de su voluntad, a pesar de su discreción, les han fastidiado una feliz y plácida existencia: calumnias en prime time consiguen dinamitar en segundos reputaciones de toda una vida. Ya conocen aquello de “difama que algo queda…”.

Una de mis dedicaciones es la comunicación: reconozco las temáticas de interés, los asuntos noticiables, la importancia de los nombres y apellidos para destacar titulares… Les aseguro que la defensa de la libertad de expresión es innegociable para mí, de igual manera que mantengo absoluto respeto por los que gustan hacer de su privacidad un circo. Pero jamás se debería ultrajar el respeto a la intimidad y al honor de quienes se lo han ganado con comportamientos intachables al respecto: pongamos coto a los cazadores furtivos de intimidades.

La tragedia del golfo de méxico en directo

Fuga Petroleo BP

En esta dirección podeis visualizar la fuga del pozo petrolífero en tiempo real.

Gentileza de BP, ahora que se dediquen a intentar parar el vertido.

jueves, 20 de mayo de 2010

Los militares y la Democracia

“Quieto todo el mundo”. Esa tristemente célebre frase, acompañada de la imagen de un teniente coronel de la Guardia Civil, pistola en mano, ocupando el Estrado de los Oradores del Congreso de los Diputados es, muy posiblemente lo primero que a la mayoría de los españoles se les viene a la cabeza al nombrar “Ejército” y “Transición”. Y no les falta razón, los denominados “ultras” eran una basta mayoría no sólo en los ejércitos, sino también en la Benemérita y en la entonces Policía Nacional, ambos también organismos militares en la época.

Pero aún siendo así las cosas, creo que ya es hora de que se haga justicia a los valientes militares que, poniendo en peligro sus carreras y, por qué no decirlo, también sus vidas, constituyeron un apoyo fundamental para naciente Democracia. Y es que, si bien los miembros de la UMD –Unión Militar Democrática- pasaron a la historia como los únicos miembros de las Fuerzas Armadas con ideología democrática, lo cierto es que fueron muchos más los que tenían una mente claramente aperturista. Y no precisamente los más jóvenes. Hablo de hombres como el Teniente Coronel Casinello, asignado a los servicios de información de la Presidencia del Gobierno, que fue la pieza clave para que Tarradellas volviese a España, aceptando las reglas del juego democrático. Hombres que, llegado el momento clave, supieron ser leales a la Constitución y al pueblo español, trabajando para frenar intentonas golpistas o aplacar a los “ultras”. Hombres como el posteriormente nombrado Director del CESID, el general –entonces comandante- Emilio Alonso Manglano, jefe de Estado Mayor de la Brigada Paracaidista en el 23-F, primera unidad militar en quedar a disposición del Rey y de la Constitución en tan crucial día. O como el “Guti”, el afable General y Vicepresidente del Gobierno, Gutiérrez Mellado, artífice de las imprescindibles reformas militares que acabarían en la creación del CESID, un servicio de información homologable al resto de los servicios similares del entorno europeo, desmantelando el SECED, destinado a la inteligencia interior y la represión política, o la aprobación de la Ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional, que sustituía a las obsoletas Reales Ordenanzas de Carlos III, creando de este modo unas leyes militares acordes a la Constitución. Y por supuesto hombres como los generales Sáenz de Santamaría y Aramburu Topete, directores en el día del golpe de estado de la Policía y la Guardia Civil respectivamente. Cuerpos ambos que, obviamente a excepción de las unidades golpistas de Tejero, quedaron desde el primer momento a disposición del Rey y de la Constitución.



Y ya que hablamos de los hombres de Tejero, aquí llega el momento de empezar a hacer justicia al estamento militar. La historia ha sido benévola con los militares citados con anterioridad, pues ocupaban cargos de importancia en el momento clave, y fueron la “cabeza visible” de los militares leales. Y así los golpistas comandados por Tejero, o los miembros de la División Acorazada Brunete, sublevada ese día y la Unidad más potente del Ejército Español, pasarían a la historia como los malos de la película. Y no fue así exactamente. Ni mucho menos. El señor Tejero había intentado, horas antes del golpe de estado –una chapuza, militarmente hablando, según los entendidos, dicho sea de paso- reclutar a las tropas para el asalto al Congreso en varias unidades de la Benemérita, que se negaron rotundamente a acceder a tales propósitos. Y es que, finalmente, los asaltantes serían reclutados por Tejero en la Agrupación de Tráfico del Instituto Armado. Sí, los asaltantes eran guardias de tráfico en su mayoría, y fueron llevados bajo engaño al Congreso. A algunos se los subió en los autocares diciendo que iban a realizar unas maniobras; a otros se les dijo que un comando de ETA había asaltado el Congreso y que ellos iban a liberar a los Diputados. Y así sucesivamente. ¿Y la Brunete, qué? Pues más de lo mismo. Engaños a las tropas, y zancadillas, muchas pero, evidentemente disimuladas, a los movimientos de los golpistas desde dentro. Esto es, los oficiales hacían preguntas y más preguntas, intentando retrasar los movimientos, los despliegues de tropas hasta conseguir el fracaso de la intentona.



Pero no fue sólo en el golpe de estado donde los militares demostraron que dentro del Ejército había un núcleo claramente demócrata, aunque minoritario. Días antes de las elecciones del año 1982 que llevarían al Gobierno a los socialistas, consumando con la alternancia política el asentamiento de la Democracia, los servicios secretos –militares, obviamente- desmantelarían una nueva intentona de golpe de timón. Y poco a poco, el Ejército se hizo con la confianza del Gobierno y del pueblo español, a golpe de demostrar lo que valen, de demostrar su compromiso con la Democracia no solo en España, sino también en el resto del mundo, ya que nuestras tropas –incluyendo a la Guardia Civil, único cuerpo de seguridad de carácter militar desde la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de 1986- han participado en múltiples misiones de pacificación por todo el mundo –misiones de GUERRA, ojo, pero con el objetivo de mantener o instaurar la paz y la Democracia en países carentes de ella-, ganándose la confianza y el respeto no sólo de los españoles, sino también de los ciudadanos de esas naciones. Y a día de hoy, siguen haciéndolo, dejando el Pabellón Español muy alto.

Por algo nuestras Fuerzas Armadas son la Institución mejor valorada por los españoles.

lunes, 10 de mayo de 2010

¿Para qué se reúnen Zapatero y Rajoy?

Por Carmela Díaz


¿Para hacerse la fotografía? ¿Tomarse un café por 80 céntimos, de los subvencionados que sólo se disfrutan en el Congreso? ¿Tal vez unas cañitas? ¿Fumarse un puro de los que tanto le gustan a Rajoy? ¿Hacer el paripé? ¿Seguir atizándose el día después? ¿Para que el IBEX se desplome y la Bolsa caiga estrepitosamente tras su reunión? ¿Para agilizar la reforma de las Cajas de Ahorros? Guauuuu… Impresionante balance en un momento crítico para nuestro país.

Como está comprobado que no lo hacen ni para arrimar el hombro, ni para acercar posiciones que nos beneficien a todos, ni para aportar soluciones, se me ocurre así, sobre la marcha, que a sus próximas reuniones asistan otros invitados que seguro contribuirán con ideas más lúcidas, actitudes más constructivas, y además, les harán avergonzarse de su inutilidad: señores Zapatero y Rajoy, convoquen para su próximo encuentro a algunos de los casi millón y medio de españoles que tienen a todos sus miembros en el paro, de los cinco millones de desempleados, de los miles de autónomos que han tenido que cerrar sus empresas o intentan sobrevivir debido al incremento de impagos, de otros tantos jóvenes con una formación excepcional que no pueden acceder a un trabajo digno, y si lo consiguen, es en situación de cuasi esclavitud… O mejor, en vez de atender la reunión al calorcito y comodidades de la Moncloa, háganlo en el entorno familiar o laboral de cualquiera de los arriba enumerados. Aunque yo iría un paso más allá: a este par les hacía convivir unos días en los hogares de españoles machacados por la crisis, a ver si espabilaban…
No se darán elecciones anticipadas: ¿qué presidente las convocaría cuando todas las encuestan coinciden en una pérdida de Gobierno aunque sea por la mínima? Rajoy no presentará una moción de censura porque está esperando que Zapatero caiga por sí mismo, aunque esa caída arrastre a millones de ciudadanos, a la economía española y al prestigio exterior de todo el país. Hay una segunda lectura aún más inquietante: ¿qué ocurrirá tras las próximas generales? Pues que tendremos el mismo perro con distinto collar. Analicemos posibles escenarios, todos escalofriantes. Se vuelve a presentar Zapatero y gana -no es tan descabellado si conforme se acerca 2012 se producen síntomas de recuperación económica o saca otro conejo de la chistera tipo cheque bebé o 400€-. No se presenta Zapatero, ¿posibles sustitutos?: ¿Blanco? ¿Rubalcaba? ¿Sería peor el remedio que la enfermedad? Por el contrario gana Rajoy -roguemos que sea mejor Presidente que Jefe de la Oposición, de lo contrario, que Dios nos pille confesados-, ¿han pensado en los futuribles ministros peperos? Puede que Mariano diese un golpe de timón y nos dejase perplejos, pero si nos atenemos a su actual equipo de confianza, me entra tembleque…

La renovación absoluta del sistema político actual sería la única solución, un desenlace imposible con la configuración del sistema democrático vigente, la actual Ley Electoral y la pasividad crónica de la sociedad civil.

Primavera Eterna

Asómate,

vuelve la vista atrás, al pasado del pasado,
como una canción revertida, pobre de armonía,
sin acentos en "corazón", sin puntos a parte,
con las manos rotas,¿quién regala caricias?,
con alma de velcro para que se peguen los recuerdos
y no puedan escapar.


Asómate,

al desdén de los días,a la dulzura de una strato,
(una pluma quemada en la tinta negra de las horas)
al ronroneo del viento, que anuncia tormenta,
tormenta, cuna de miedo y locura,
por fin llegará la calma,la primavera eterna.



Asómate Luna
y ponte la falda.



Llega la noche.

lunes, 3 de mayo de 2010

Una historia triste

Corría el año 1933 cuando, pongamos que una mañana cualquiera, de un mes también cualquiera, alguien dejó en el torno giratorio de la puerta de entrada del entonces Hospital de Beneficencia de Pontevedra, hoy sede CHOP o “Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra”, integrado en la red del SERGAS, un extraño paquete. Me imagino la mirada atónita de las monjitas dedicadas a las labores de asistencia en el humilde hospital al comprobar que el paquete era, en realidad un niño de corta edad.

Y tan corta. El pequeño había nacido tres años antes (hoy lo sabemos) en la localidad pontevedresa de Lalín. Agapito Pazos Méndez, padecía una discapacidad psíquica, además de distrofia muscular que en los miembros inferiores con deformación, a la que se sumaba también la distrofia de su mano derecha. Ni las pobres monjitas pudieron hacerse cargo de él hasta el final de su vida, de modo que desde 1993 era la Fundación Sálvora la responsable o tutor legal del mismo.

Lo curioso, a la par que dramático de esta historia, es que cuando el pequeño Agapito entró en el hospital, ya nunca más lo abandonaría, hasta su muerte acaecida el pasado 24 de abril de este año. Sólo en una ocasión y gracias a Eloy, un celador ya fallecido, abandonó los muros del hospital para ver el mar, en una aventura de dos días por las Rías Baixas.

Agapito pasaría de ser “un paciente” asentado en la habitación 415 del hospital de Pontevedra, a ser “el paciente”. El paciente que durante casi 80 años ocuparía la habitación citada, la única del centro sanitario con decoración a su gusto, con la cama orientada a la ventana para que Agapito supervisara cualquier cambio que ocurriera en jardín interior del centro. Agapito había pasado sus primeros años de vida en el servicio de pediatría para, con su paso a la edad adulta, ingresar ya para siempre, en el servicio de medicina interna. El servicio que le vería envejecer y en el que pasaría por dos amargos tragos: un cáncer de estómago del que fue operado y más recientemente un Ictus que lo dejó sin voz. En esta situación se haría más que patente que nunca que su única familia eran los profesionales que le atendían; profesionales que sabían interpretar las miradas de Agapito sin necesidad de palabras. Profesionales sobre los que, como ocurre en cualquier familia, Agapito mostraba sus preferencias. Pero no eran los únicos “familiares” que se preocupaban por él: sor Ana y sor Manuela, lo visitarían a diario durante casi toda su vida.

El personal sanitario sabía a la perfección las preferencias en lo que a comida se refiere de Agapito. Sabían de sobras que la sopa no era, lo que se dice su plato favorito, al contrario de lo que ocurría con el queso.

Pero, ¿cómo es que este hombre pasó toda su vida en un hospital, en lugar de en una institución especializada? Los responsables de la Fundación Sálvora saben bien el por qué: un juez se negó a que Agapito abandonase la que había sido su casa durante tantos años, para ingresar en un centro especializado, aduciendo que de trasladarlo, el paciente se vería afectado en su salud de manera negativa. Una sentencia tal como dicen en la Fundación Sálvora “excepcional”.

Agapito fue enterrado en un nicho de su propiedad, puesto que como discapacitado tenía derecho a una paga, que gestionó la Fundación. Unos cuarenta enfermeros del servicio de medicina interna se encargaron, por su parte, de la redacción y costeo de las esquelas de Agapito, tal como se puede ver en la sala de medicina interna. Y lo acompañarían junto con los miembros de la Fundación Sálvora en su último viaje, hasta el cementerio pontevedrés de San Mauro.

Descanse en paz.