jueves, 24 de junio de 2010

Casillas, Carbonero... y la envidia

Por Carmela Díaz


Ni ella me parece un pibón descomunal -sí una mujer con un físico llamativo y unos ojazos que quitan el hipo- ni una periodista que me transmita nada cuando aparece en pantalla -más bien me resulta sosa y anodina-. Ojo, lo cual no significa que cometa errores: desempeña correctamente su trabajo, sin más. Pero seamos sensatos: una joven de veintiséis años sin apenas experiencia previa no ha conseguido el puesto de subdirectora de deportes de Telecinco por sus méritos profesionales. Posiblemente haya pesado más el interés mediático y el morbo que despierta su persona. Por supuesto no es criticable que haya aceptado: cualquiera firmaríamos una oportunidad profesional de ese calibre.



Dicho esto, debo manifestar que me repugna el tercer grado al que está siendo sometida por el simple hecho de ser la novia de Casillas y tener que compartir espacio en un evento deportivo al que ambos acuden en calidad de trabajadores en sus respectivos ámbitos de actuación laboral. Más aún, que se ponga en entredicho la profesionalidad de nuestro capitán: un porterazo como la copa de un pino, uno de los mejores del mundo -si no el mejor- que ha contribuido de forma magistral a la consecución de muchos de los títulos de su equipo, y al que los españoles le debemos una parte importante de la Eurocopa por sus increíbles paradas o el temple de acero demostrado en la decisiva tanda de penalties. Si Carbonero está cubriendo los partidos del Mundial de Sudáfrica y él es portero titular de la selección española, ¿dónde pretenden que la reportera sea ubicada? ¿En el parque Kruguer? ¿En el Cabo de Buena Esperanza? Pues obviamente tendrá que estar a pie de campo, lugar donde Iker entrena y juega -otra cosa es que su cadena televisiva rentabilice en mayor o menor medida ese morbo contrastado, pero esta es otra historia-. Es como si Lobato este fin de semana es criticado por estar permanentemente cerca de Alonso, en vez de dejarse ver luciendo palmito por la playa de la Malvarrosa.



Ellos son jóvenes, solteros, guapos, triunfadores y han decidido vivir su relación con naturalidad. Como debe ser, con la única pega que en este país se están llevando todas las noticias al plano personal y sentimental -además de abundar la malsana envidia-. Si nadie conociese que son pareja se habrían evitado tanto despropósito. Conclusión: o te dedicas a ocultar permanentemente tus sentimientos o te vas a tener que pensar dos veces -o incluso descartar- mantener una relación íntima con determinados personajes públicos porque corres el riesgo de ser marcado de por vida, perdiendo crédito profesional y personal. Aunque a veces el interés o el oportunismo primen sobre todo lo demás, otras -ya sé que para algunas mentes retorcidas sea difícil de digerir- simplemente ocurre que dos personas se conocen, se gustan, se lo pasan bien juntas, se enamoran o se desean: él o ella pueden ser los reyes del pop, los príncipes de España o los amos del mundo, pero en la intimidad son simplemente personas que anhelan querer y ser queridos. Juzguemos por su trabajo a los que viven de eso y dejemos la carnaza para los que la buscan.



Una vez más, entre tantos dimes y diretes, cortinas de humo y distracciones del cuore, descuidamos lo esencial: la selección española. Un equipo que tiene el potencial, las ganas, la calidad técnica, la garra y los jugadores para hacer un gran papel. Un deporte que nos ilusiona, nos emociona y nos une. Aunque se trate tan sólo de un espectáculo, conseguir que toda España reme en la misma dirección y se enorgullezca de nuestros colores, con los tiempos que corren, merece la pena. Y mucho.

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