lunes, 8 de noviembre de 2010

Por Carmela Díaz


Cuando recuerdas al detalle algún suceso pasado es porque resultó trascendente para ti. He conocido hoteles míticos, pero del único que tengo una imagen nítida de mi primera vez es pisando el Ritz madrileño siendo una adolescente. El imponente lobby, el silencio, las notas de un piano, un lujo medido, la sensual escultura de Diana, las teteras de plata o la armonía palpable en el ambiente. Sigo fascinándome de igual modo muchos años después, a pesar de acudir allí cada semana a los siempre interesantes desayunos de Nueva Economía. Mientras el amabilísimo equipo de relaciones públicas, días atrás, me mostraba la exposición que han organizado con motivo del centenario -abierta al público, con visitas guiadas por las dependencias el hotel los domingos-, se paraban a mostrarme una fotografía del Salón Real completamente vacío.

-¿A qué nunca viste el Salón Real así? Me preguntaron.

-La primera vez que entré estaba completamente vacío. Fue mi inesperada respuesta.

Y es que la localización del primer gran evento multitudinario que organicé como profesional, fue precisamente en el Salón Real del Ritz. Así pues, el hotel también forma parte de mi trayectoria vital. Tallado en el parquet de dicho Salón se encuentra el escudo de Madrid, el oso y el madroño; sobre ellos, una corona, símbolo de la Monarquía reinante; durante la República fue eliminada, aunque la vinculación de este centenario establecimiento con la corona española es la esencia de su existencia. En la boda de Alfonso XIII los invitados ilustres tuvieron que ser hospedados en casas particulares debido a la que la oferta hotelera de la ciudad no era la adecuada. Ante este hecho, el propio Rey, conocedor de los estándares de excelencia de los Ritz de otras capitales europeas, impulsó la construcción del hotel madrileño. Haciendo un guiño a esa boda, el lobby estará presidido durante la conmemoración del centenario por una réplica del pastel nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, mientras los huéspedes ya están siendo agasajados con una miniatura de tan delicioso manjar -debajo les cuento en primicia la receta de la tarta “Victoria”-.

La Historia de este hotel forma parte de la Historia de Madrid porque cada acontecimiento relevante del último siglo en la capital se ha visto reflejado tras sus muros. Su inauguración el 2 de octubre de 1910 copó titulares en toda la prensa de la época -siete pesetas costaba pasar la noche-, durante la Guerra Civil se convirtió en hospital militar, fue la residencia oficial para visitas de Estado hasta 1980, gran parte de las negociaciones de la colección Thyssen se desarrollaron en la Suite Real, 24 delegaciones internacionales lo ocuparon durante la boda de Felipe de Borbón… También ha sido espectador privilegiado de la Historia Mundial del último siglo: los movimientos de Mata Hari en el hotel llevaron a su descubrimiento como espía doble durante la II Guerra Mundial, Grace Kelly y Rainiero pasaron parte de su luna de miel en la Suite Real, Yasser Arafat dio su primera rueda de prensa desde allí… Incluso ha sido influyente en las costumbres sociales: introdujo el té en la sociedad española, bebida considerada hasta entonces sólo apta para excéntricos. La etiqueta ha sido tan estricta que las damas no pudieron acceder con pantalones hasta el año 1977, al maestro Von Karajan se le denegó el acceso al restaurante sin corbata y la bellísima Ava Gardner fue expulsada por su afición a las juergas salvajes… A cambio, la palabra “imposible” está desterrada del vocabulario del personal de servicio. Son capaces de conseguir entradas de estreno en el Real, de barrera en las Ventas o de Palco Presidencial en el Bernabéu cuando ya ni existen, tramitar los permisos necesarios para que un mexicano encariñado con un burro español lo pueda trasladar a su país, o “reconstruir” un vestido de gala quemado.

La lista de personalidades que han pasado por el Ritz es interminable. En parte puede ser por su privilegiada situación, sus miles de metros de alfombras de la Real Fábrica de Tapices, sus exquisitas porcelanas, sus sábanas de lino irlandés, sus baños de mármol, sus cerámicas orientales, sus valiosas antigüedades, su impecable servicio, o por pura convicción. El autor catalán Josep Pla hacía una curiosa comparativa con otro icono madrileño: “El hotel Palace es el hotel de los que quieren llegar a algo en la vida. El Ritz es el hotel de los que ya han llegado”. Y de los que seguirán llegando, añado. La elegancia intemporal y la excelencia son insustituibles.

TARTA VICTORIA (PASTEL NUPCIAL SERVIDO EN EL BANQUETE DE BODA DE ALFONSO XIII Y VICTORIA EUGENIA)
Componentes

Bizcocho de almendra

Crema pastelera

Pasas de Corinto maceradas en ron

Fondant (azúcar en pasta moldeable para cubrir el pastel)
Receta

1º Bizcocho de almendra

Ingredientes: 150gr de azúcar, 150gr de harina de almendra, 3gr de levadura, 3 huevos, 50gr de mantequilla fresca fundida.

Mezclar 150gr de azúcar y 150gr de harina de almendra. Añadir 3gr de levadura. Poco a poco se van incorporando 3 huevos batidos y se sigue mezclando. Por último, se añaden 50gr de mantequilla fresca fundida. Se bate hasta hacer una masa uniforme y se cuece al horno suave durante unos 20 minutos.

2º Crema pastelera

Ingredientes: 500ml de leche, 125gr de azúcar, 3 huevos enteros, 2 vainas de vainilla de Tahití y 40gr de almidón de maíz.

Calentar la leche con las vainas de vainilla abiertas longitudinalmente para que salgan las semillas y la mitad del azúcar. Mezclar el almidón de maíz con el resto del azúcar. Poco a poco, se incorpora a esa mezcla la leche caliente hasta que tenga una textura cremosa. Se añaden los huevos. Cuando el resto de la leche hierva, se retira del fuego y se tapa para fusionar bien con la vainilla. Una vez fusionado, se cuela para retirar las semillas y trozos de vaina que pueda haber y se calienta de nuevo hasta que hierva. Se mezcla con la crema. Dejar cuajar y enfriar y reservar.

3º Pasas de Corinto

Dejar macerar una cantidad suficiente de pasas (según gusto) en ron de calidad, calentando ambos ingredientes para hidratar el fruto. Colar y reservar las pasas.
MONTAJE

Cortar el bizcocho con ayuda de un molde redondo de dos tamaños diferentes que guarden relación entre sí.

Cortar los discos por el centro y rellenar con una pequeña cantidad de crema pastelera. Incorporar las pasas.

Tapar ambos bizcochos con la parte anteriormente recortada y cubrir con el fondant blanco moldeable previamente estirado con ayuda de un rodillo.

Colocar el bizcocho de mayor tamaño de base y el menor encima pegándolos con un poco de crema.

Adornos del hotel: Se decora la base de ambos bizcochos con una cinta conmemorativa y la cubierta con una chocolatina (chocolate blanco). Se pueden poner flores de oblea para decorar.

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