jueves, 18 de noviembre de 2010

Sudán 1993 - Haití 2010


La última imagen que parece que traspasa fronteras es la de un hombre moribundo (por no lograr llegar a un hospital o por no querer atenderlo, la historia cambia según la cadena que sintonices) abandonado en la calle ante la atónita mirada de los transeúntes que pasan sin inmutarse por delante de él, sin ofrecerle siquiera una mínima ayuda. Supongo que estos transeúntes estarán acostumbrados al horror vivido en este país, y están de algún modo "inmunizados" (quizás no sea la mejor palabra para definirlo) ante toda la devastación a la que fue sometido su territorio en tan poco tiempo.



















Todos los medios nos han ofrecido la imagen de este señor desde todas las tomas posibles, con transeúntes de toda clase pasando a su lado, y enfocando todas y cada una de las partes que se pueden ver de la ciudad con el hombre en el plano.

En muchas de las imágenes y de los vídeos se podía apreciar que eran documentos "robados". Sacados desde un automóvil con la discreción que ofrece no exponerse a la vergüenza de saber que tú eres uno más de esos que pasan a su lado y no se molestan en ofrecer su ayuda.

Esta historia me ha recordado mucho a otra que hace mucho tiempo ganó un premio Pulitzer. Creo que todos tenemos en mente esa imagen sacada por Kevin Carter, un fotógrafo sudafricano que se encontró con la suerte y desgracia de participar como reportero gráfico en un reparto de comida en una aldea de Sudán.
Carter, que jamás había realizado trabajos sobre la hambruna en África, se quedó muy consternado con todo lo que se fue encontrando en ese viaje, y sacó multitud de fotografías de toda la aldea y de los niños tendidos en el suelo llorando, mientras sus padres recogían los alimentos de la expedición.
Por desgracia, a pocos metros del avión, Carter se encontró con la imagen por la que a partir de ese momento se le conocería.



















La imagen de una niña pequeña en evidente estado de desnutrición, con un buitre a sus espaldas esperando para darse un festín. Imagen para la que Carter esperó hasta el ultimo momento para conseguir la instantánea perfecta...

...y lo hizo.

Esta instantánea podría definir al ser humano perfectamente.

Kevin Carter se encontró con las más duras críticas pese a recibir el Pulitzer ya que él mismo reconocía que no sabe qué ocurrió con esa niña , cuando terminó de sacar la fotografía se subió al avión y continuó con la expedición. Él sabía que no había obrado bien, y lo sumió en una gran depresión que terminó de la peor forma posible: se suicidó.
La muerte de un gran amigo mientras realizaba un reportaje de guerra fue el detonante para que Carter se quitara la vida. Eso sí, con un fuerte pesar de no haber ayudado a esa pobre niña.


A Carter se le comparó con el buitre en infinidad de medios aunque la historia que relataban los compañeros de Carter en el viaje indicaba que eso no era más que una mala interpretación de la fotografía, ya que a escasos metros se encontraban sus padres, y suponían que la niña no murió poco después, como muchos medios habían dejado caer.


Comparando la imagen de Carter con la del señor de Haití, no logro apreciar el motivo por el cual la prensa internacional cargó contra Carter, pero, sin embargo, apremian a los autores de estos reportajes donde se ve lo peor del ser humano en primer plano.

En mi opinión, son más buitres los reporteros gráficos que están realizando estas tomas en Haití que Kevin Carter. Carter se encontró por desgracia con el hambre, sin querer ni buscarlo, mientras que los de Haití acuden por el morbo de la situación actual.

La diferencia es que Carter rápidamente se dio cuenta de su error y su conciencia no le dejó continuar con su vida, mientras que los reporteros que se encuentran en Haití, cuando acabe la epidemia se irán a otro lugar a seguir alimentando el morbo de millones de tele-espectadores y de su propio ego.

La única pregunta que se me ocurre en estos momentos para hacerle a estos reporteros es la siguiente: ¿habrá muerto ese hombre después de cubrir el reportaje?. Quién sabe...

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