domingo, 21 de noviembre de 2010

Un poco de historia


Algunos la veneran, honran y respetan; otros, por el contrario la injurian, queman y odian; para algunos es una de las más vistosas y bellas que se pueden encontrar; para otros en cambio, sus colores la hacen demasiado “cantosa”. Hay quién la quiere con el águila y quien por el contrario, la prefiere tal como hoy la conocemos. Y por supuesto, algunos la prefieren en tres colores, dándole un aspecto distinto.

En todo caso, la bandera española (la Rojigualda), guarda tras su aspecto actual, toda una historia, que comenzó a escribirse en aquéllos lejanos tiempos de Carlos III, donde los galeones españoles, cargados de riquezas traídas del Nuevo Mundo, se enfrentaban día si y día también con los piratas y corsarios que los acechaban en el inmenso y aún hoy inseguro, Océano Atlántico.
Por aquel entonces, la gran mayoría de pabellones navales, incluidos los de uso por las flotas militares, eran predominantemente de color blanco, lo que en días de mala visibilidad, a gran distancia o incluso, sin que el viento los hiciese hondear, provocaba graves dificultades de identificación, lo que suponía en definitiva, una respuesta tal vez demasiado tardía contra una amenaza.

Así las cosas, el monarca Carlos III, ordenó a su Ministro de Marina, D. Antonio Valdés y Bazán, el diseño del nuevo pabellón naval español. En total, el Ministro de Marina propondría al rey doce bocetos distintos, de los que Carlos III escogería dos, constituidos por los colores rojo y gualda (amarillo), dispuestos en franjas horizontales; a éstos, el monarca les cambiaría las dimensiones de las granjas y los declararía reglamentarios no sólo para la Marina de guerra, sino también para la marina mercante, a través del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, cuyo texto reproduzco parcialmente a continuación, respetando las normas ortográficas y gramaticales de la época:

“Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi Armada naval, y demas Embarcaciones Españolas, equivocándose á largas distancias, ó con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida á lo largo en tres listas, de las que la alta, y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en esta el Escudo de mis Reales Armas reducido á los dos quarteles de Castilla, y Leon con la Corona Real encima; y el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo á lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior: Y de las demas Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla, y del ancho de la tercera parte de la Bandera, y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales encarnada, y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo á Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterraneo desde primero del año de mil setecientos ochenta y seis: en la América Septentrional desde principio de Julio siguiente; y en los demas Mares desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento”.
Señalado de mano de S.M. en Aranjuez á veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. A D. Antonio Valdés.
Así las cosas, nuestra bandera nacional actual, tuvo sus inicios en el lejano siglo XVIII; unos orígenes eminentemente navales y de tipo práctico, conservándose el diseño prácticamente inalterado hasta nuestros días, con las consabidas excepciones de las épocas repubicanas (la II República cambiaría la enseña Nacional, substituyendo del escudo la corona real por una almena de castillo, y la franja roja inferior por una franja de color púrpura) y de la dictadura franquista, donde se recuperó el esquema bicolor, pero situando como escudo el águila de San Juan, procedente de la época de los Reyes Católicos.
A modo de curiosidad, sería importante destacar que, a la enseña nacional con el águila en su centro, se la llama de forma errónea la “preconstitucional”, cuando lo cierto es que es esta la que figura en los ejemplares originales de la Constitución Española, siendo posteriormente cambiado el escudo del águila por el actual, a través de la correspondiente redacción y aprobación de la Ley 33/1981, de l Escudo de España.

Citar, por último, que en la actualidad se emplean en nuestro país varias banderas oficiales, como variantes de la bandera que podemos considerar “estándar”, y que son empleadas como distintivos de unidades militares, Altas Autoridades Civiles del Estado, el Servicio de Vigilancia Aduanera del Ministerio de Economía y Hacienda y el pabellón reglamentario para embarcaciones de recreo. A ellas se suman otras enseñas oficiales, de uso por la Armada Española (el conocido Torrotito o Bandera de Proa o de Tajamar, que se coloca en la proa de las embarcaciones militares españolas durante su estancia en puerto), o los estandartes de la Casa de SM el Rey y del Príncipe de Asturias.



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