martes, 11 de enero de 2011

El lobo, el cazador social



El lobo. Ese animal mítico al que en la España rural y profunda se identifica inmisericordemente como un sanguinario depredador, no sólo de reses sino también de hombres y niños. Ya la cultura popular nos habla del gran depredador ibérico como una alimaña negativa, violenta, carnicera. Así, expresiones como “era una noche tan negra como la boca del lobo” o, aún mejor “loba, que eres una loba”, tan arraigadas en nuestra sociedad, dejan bien claro que el lobo de bueno tiene lo que Hitler de santo: nada. Ya el autor inglés de los siglos XVI a XVII, nos dejaba una demoledora frase que aun hoy se emplea en ciertos círculos cultos, en la que una vez más, el lobo, queda definido como un ser oscuro, negro, deleznable: “el hombre es un lobo para el hombre”, hace referencia a la maldad que tan profundamente tenemos los seres humanos para con nuestros semejantes. Y la maldad se asimila una vez más a la figura del lobo.

Una noche fría de invierno, en un hogar de la sierra del Caurel, a la luz y el calor del fuego, puede ser el lugar más adecuado para escuchar terribles historias de los lobos; de cómo estos crueles animales atacaban y mataban a mujeres y niños que se aventuraban en la espesura del bosque. De cómo los pastores sentían erizarse hasta el más pequeño de sus cabellos, para descubrir que un gran lobo los acechaba, con mirada oscura, negra, sin el menor rastro de piedad. Personalmente, he podido escuchar alguna historia sobre los lobos, llegando a saber que a un familiar próximo, un maldito lobo lo acompañó durante una larga travesía en la Galicia rural de mediados del siglo pasado, separándose de él cuando entraba en un pueblo, y esperándolo de nuevo a las afueras. Durante horas, se sucedió esta situación, hasta que el hombre llegó a su refugio, y el cruel animal se quedó sin comer. Hasta aquí la leyenda.
Pero, ¿es realmente el lobo un ser cruel, sanguinario, imagen misma de la muerte y del maligno? ¿Qué hay de cierto en todas estas historias? ¿Cuántas personas ha matado el lobo en la historia? Vayamos por partes. Es evidente que el lobo, nombre científico “canis lupus”, es un gran depredador. Grande en todos los sentidos, que nadie se piense que un lobo adulto es como un pastor alemán, ni mucho menos; es bastante más grande y pesado, con una mandíbula bastante más potente y una dentadura que asusta sólo de mirarla. Es cierto que el lobo caza ovejas, cabras y que, no lo hace sólo, sino en manada, provocando verdaderas carnicerías. Pero, ¿acaso no es eso lo que ha de hacer un carnívoro salvaje para comer? Ya me gustaría a mí ver a un lobo en la carnicería, esperando número para comprar un buen pedazo de carne fresca. El lobo ataca los rebaños, cierto, y causa estragos económicos a los ganaderos, cierto también; pero no es menos cierto que los ataques se producen por lobos desesperados de hambre, a reses que pastan en libertad en medio del monte o incluso por lobos enfermos que intentan sobrevivir. Así, según recientes estudios de las heces de los lobos, se ha sabido que el grueso de su dieta no son las vacas, las ovejas o las cabras; son los corzos, ciervos, conejos de monte, carroñas varias y otras alimañas del bosque. De modo que la pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué un lobo, o una manada de lobos ataca un rebaño de ovejas, cerca de la población? En primer lugar, si un solo lobo ataca un rebaño de ovejas, algo raro ocurre. Porque el lobo, es un gran cazador, si, pero es un animal ante todo social. Esto es, no caza sólo, sino en manada, con la fuerza del grupo, con estrategias tan bien urdidas que despertarían las más fieras envidias de los mejores generales del poderoso US Army. Así que, si un lobo ataca en solitario, tenemos claro que, o bien está enfermo y debe abandonar la manada para no contaminar a los demás, o bien está desesperado de hambre, y ataca lo primero que se le pone a tiro. Aclarado el primer supuesto, pasamos al segundo, el de la manda que planea y ejecuta un ataque a un grupo de reses. Evidentemente, el lobo es un animal salvaje; no es un perro, vuelvo a decirlo, y, por tanto, prefiere pasar inadvertido cazando animales salvajes por los que nadie se va a preocupar; de hecho, el lobo es maestro en el arte de pasar desapercibido. Cuando escribo estas líneas, me acuerdo de las noches que pasé en busca del lobo, haciendo kilómetros y kilómetros por el rural gallego sin lograr ni una sóla vez, toparme con uno. Los propios investigadores pasan las de Caín buscando lobos a los que estudiar. Y muchas veces, tras noches y días enteros en el monte, han de abandonar la búsqueda, cansados y desilusionados. Así pues, partiendo de que el lobo gusta de pasar desapercibido, ¿Por qué orquestar un ataque calculado contra un rebaño de ovejas? Pues simplemente por dos razones: la primera, que el ser humano ha invadido terrenos que de siempre fueron salvajes, de modo que se fuerza al lobo y a resto de animales a convivir con nosotros. La segunda razón es aún más crítica: la caza excesiva, mayor y menor, deja al lobo sin comida suficiente, por lo que se ve obligado a buscar comida en los entornos humanos, causando las consabidas matanzas de animales de granja.Desglosado el primero de los apuntes, seguimos adelante, desmitificando al sanguinario lobo. ¿Es cierto que el lobo acecha, persigue y mata humanos? Si, y al mismo tiempo no. Es cierto, que en España, donde, por cierto, tenemos una subespecie autóctona de lobo, el “canis lupus signatus”, fácilmente identificables por las dos líneas negras que recorren la parte frontal de sus patas delanteras, de arriba abajo, se han dado casos de ataques de lobos a personas. En pleno siglo XX, en la década de los setenta, un bebé del rural gallego fue arrancado literalmente de su cuna, dentro de la casa y devorado por una loba. Hay, por otra parte, datos que nos hablan en el siglo XIX de la desaparición de una pareja de la Benemérita en las montañas de Galicia y Asturias. Cuando sus restos fueron encontrados, la escena que sus compañeros alcanzaron a ver fue estremecedora: los dos guardias yacían muertos, sin munición para los mosquetones, con las bayonetas caladas y ensangrentadas, en medio de varios lobos por ellos abatidos. Así pues, los lobos han atacado a gente, incluso a los aguerridos miembros de la Benemérita, pero la cuestión es, una vez más el por qué. Y parece estar también bastante claro: la loba que atacó y mató al infante orensano, padecía según los últimos datos la rabia, que como es sabido, provoca en los animales una mayor agresividad. Y, aunque no dispongo de datos para afirmarlo, me aventuraría a decir que la muerte de los dos guardias civiles en la montaña gallega, se debió a un ataque de lobos enfermos, tal vez hambrientos, pues según las crónicas de la época, la nieve cubría los campos desde hacía semanas.

Y, ¿qué hay de los seguimientos, por así llamarlos de lobos a humanos? Pues, según los expertos, una vez más la sabiduría popular ha malinterpretado una actitud del lobo compartida, por cierto, con los hombres: el lobo, se muestra tan fascinado por nosotros y nuestras actividades como nosotros por él y las suyas. Y es que no es el primer naturalista que, aventurándose bosque adentro en medio de la más absoluta oscuridad, en busca del esquivo lobo, decide, tras horas de caminata, de frío y cansancio sin conseguir ver el más mínimo rastro del cánido, dar media vuelta y regresar por donde vino, cuado de repente se percata de que junto a sus huellas están impresas las de un lobo, que lo ha observado y acompañado todo ese tiempo, sin llegar a ser visto.En definitiva, se nos ha presentado tradicionalmente al lobo como un ser cruel, sanguinario, asesino, etcétera…cuando en realidad hablamos de un animal complejo, con una tremendamente estricta estructura social, en la que, cada individuo de la manada, tiene su labor asignada, y de abandonarla o no llevarla a cabo, será duramente reprendido por el grupo. Así, en la manada, sólo el macho más fuerte y de más carácter, ejercerá el liderazgo, y se apareará con la loba más fuerte y de más carácter. Los demás miembros de la manada, no se aparearán, pero tendrán asignada la importante labor de cuidar, adiestrar y criar a los lobeznos que engendren los líderes. La manada dispone asimismo, de un elaborado lenguaje, compuesto de gestos, movimientos de cola, gruñidos, aullidos, etc…que combinados, son fácilmente comprensibles por todos los lobos; aprender y poder utilizar este código de comunicación es imprescindible para formar parte de la manada. De hecho, un lobo ciego hubo de ser rescatado por los biólogos de la manada, ya que, al no poder ver los gestos y señales visuales de los demás miembros del grupo, sufría tremendos castigos por parte de éste, que ignorando su ceguera lo consideraría un “rebelde sin causa”. Lo mismo ocurriría con un segundo lobo, en este caso sordo, que no podía percibir la parte auditiva del código, con lo que le ocurría lo que al primero. Afortunadamente, la historia para estos dos lobos acabaría con un final feliz, ya que los biólogos decidieron juntarlos para ver que ocurría; tal como en la película “No me grites que no te veo”, el lobo ciego y el lobo sordo se han convertido en dos amigos inseparables, miembros de su propia manada.
Y para terminar, una pregunta para los que lean esto. ¿Qué ocurre cuando un lobo se hace viejo, sus dientes no pueden masticar la comida y no tiene fuerzas para cazar? Seguro que la mayoría de los lectores dirán con seguridad que la manada lo expulsa, pues no aporta nada al grupo y supone una carga. Pues bien, al igual que los humanos, el anciano lobo, un individuo dependiente, recibirá de la manada un lobo joven, el llamado “lobo escudero”, quien cazará para él e incluso le masticará la comida, regurgitándola luego para que el viejo lobo desdentado pueda seguir viviendo.