miércoles, 13 de abril de 2011

Sobrepago sanitario


Parece que hay alguien empeñado en cargarse una de las señas de identidad del estado de bienestar en nuestro país: el acceso a una sanidad pública, gratuita y de calidad.

El debate lleva tiempo ya rondando por ahí. Que si el Sistema Nacional de Salud tiene déficit, que si hay que buscar formas alternativas de financiación, que si hay que recortar gastos…En un principio, parece lógico que el Sistema Nacional de Salud, intente ser lo más equilibrado económicamente hablando, siendo por tanto, lícito el debate sobre la financiación del mismo. Pero desde hace ya algún tiempo, se nota el “run run” de fondo de una posibilidad que algunos se empeñan en defender: el copago sanitario.

Según quienes lo defienden para garantizar – eso dicen ellos- la sanidad pública, el copago es la forma de que el ciudadano participe en la financiación de la asistencia sanitaria. Sería así pues, una manera, de acuerdo con la forma de ver la realidad de estos sujetos, de conseguir más fondos para la sanidad pública, responsabilizando al conjunto de la ciudadanía de su sostenimiento económico, lo que, además, generaría un uso más adecuado de los recursos sanitarios por parte del ciudadano de a pie.

Pero no cuela. Una vez más, asistimos a un debate absolutamente estéril entre los politicuchos que nos han tocado en suerte a los españolitos. Una vez más, mentiras, medias verdades y tergiversaciones de la verdad.

Y es que, pese a que el razonamiento que los defensores del copago hacen parece correcto, y la medida adecuada, no podemos olvidar que un planteamiento erróneo de un problema, lleva sin remedio a una conclusión también errónea. Y uno que es ya malpensado y desconfiado por naturaleza, pues ya se mosquea porque, viniendo de donde vienen las propuestas, más que un error de planteamiento parece un planteamiento basado en la mentira descarada.

Porque lo del copago, suena bien; pagar un porcentaje de los gastos del Sistema Nacional de Salud, no es para tanto. Con ello conseguimos mantener la sanidad pública, una de las mejores del mundo (como la española, sólo operan en la Unión Europea la británica – mermada, eso sí, desde la época Thatcher – y la italiana, siendo los demás sistemas de salud de configuración distinta y, por norma general, no totalmente gratuitos), y generamos una responsabilidad en el uso de los recursos por parte de los ciudadanos – claro, cuando nos tocan al bolsillo, todos atentos- inexistente a día de hoy. Pero como he dicho, planteamientos falsos, llevan a resultados erróneos. Y aquí, el planteamiento es, simplemente, una falsedad en si mismo.

Porque está bien que aportemos financiación a los servicios públicos, faltaría más, pero, ¿no es acaso eso lo que hacemos cuando pagamos los impuestos? ¿O es que el dinero para pagar la sanidad y los servicios públicos sale del bolsillo de los generosísimos políticos y empresarios españoles? Porque, lo que está claro, es que la sanidad es en teoría gratuita, si, pero financiada con el dinero que los españoles aportan a las arcas del Estado y a los chupacuartos de las Comunidades Autónomas, eso que quede bien clarito a los iluminados del copago.

Porque, hombre, yo no soy matemático, ni economista ni político, pero si ya estamos financiando el Sistema Nacional de Salud a través de los impuestos, y aún encima nos cobran, bien sea por consulta, por receta o por determinados servicios, me da a mi que en vez de financiar la sanidad pública, no están estafando descaradamente. Y lo que en principio se llama “copago” pasa a ser indudablemente un claro “sobrepago”.

Pero de momento la gente no se mosquea, no desconfía, porque al fin y al cabo sólo son debates de los políticos, y eso les llevará tiempo y a ver si se deciden. Pero ojo, porque ya hay Comunidades donde el plan va en serio, y ya hay dictadas por escrito instrucciones para que la comida de los hospitales, las tiras reactivas y los medidores de glucosa de los diabéticos o la oxigenoterapia a domicilio, entre otros muchos servicios dejen de ser “gratuitos” – insisto en que no lo son, pues los pagamos con los impuestos- y se paguen por separado. Y a mi este sistemilla me genera dudas suficientes como para desecharlo antes de probarlo. Por ejemplo, ¿Qué pasaría si una persona ingresada en el hospital no puede pagar la comida? ¿Lo operan y lo dejan sin comer? ¿O no lo tratan directamente? ¿Cuánta gente con problemas respiratorios y a tratamiento con oxígeno en casa, se morirá porque su pensión no le da para pagar comida y oxígeno? ¿Y qué pasa con aquellos que apenas llegan a fin de mes con sus míseros salarios, pensiones o prestación por desempleo, que están enfermos o son enfermos crónicos o tienen a sus cargo a enfermos crónicos? Porque los medicamentos precisamente no son baratos. Ni mucho menos. Y si tienes que pagar por la consulta, la recete y sabe Dios que más, ¿Cuánta gente simplemente dejará de ir al médico, de tratarse o de tratar a los suyos por no poder pagar?

Vamos que, el Sistema Nacional de Salud no sólo no obtendría la financiación que nos dicen sino que aún encima se generarían gastos mayores porque los ingresos y tratamientos de urgencia se dispararían al fallar el primer escalón del sistema, la consulta del médico de familia y la obtención de las recetas que mantienes estables y con calidad de vida a los enfermos crónicos.

Y llegados a este punto, no creo que sea necesario escribir más sobre el “copago” y sus consecuencias, pero creo que si es interesante que todos y todas valoremos qué se persigue con la implantación de dicho sistema. Porque vamos, si la sanidad pública, con sus listas de espera – entre otros fallos- además de financiarse con mis impuestos, me cobra, casi me sale mejor pagar un seguro privado. Eso quien pueda pagárselo, claro. En definitiva, si somos malpensados y, con nuestros políticos hay que serlo, puede que el objetivo final sea “cargarse” definitivamente el Sistema Nacional de Salud e implantar un sistema a la americana: seguros privados, si puedes pagarlos bien, y si no, pues te mueres dolorosamente.

Y algo de eso ya intentaron el muy ilustre expresidente del Gobierno, Sr. Aznar y su gabinete en su primera legislatura, teniendo que recular a toda marcha por las presiones populares. Sin embargo, si el sistema sanitario español es deficitario, quizás sea también porque es demasiado mantener 18 gobiernos (el Central más los 17 autonómicos) y 16 sistemas de salud (15 de las autonomías más el INGESA estatal, antiguo INSALUD y que sólo presta servicios en Ceuta y Melilla), algo que, en buena medida y, en lo referente a los 16 sistemas de salud debemos al gobierno del Sr. Aznar, que fue el responsable en el año 2000 de la descentralización del antiguo INSALUD transfiriendo las competencias de sanidad a las autonomías. Y quizás, sólo quizás, la solución a este y a otros muchos problemas sea un replanteamiento a fondo del modelo de estado, quitando chupones y burócratas y gestionando los recursos como Dios manda. Pero de eso, ya hablaremos, que no es el tema.

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