sábado, 26 de noviembre de 2011

Científicos descifran un texto secreto de 250 años con Google Translate


El documento, denominado Cifrado Copiale, revela los rituales e inclinaciones políticas de una sociedad oculta alemana que tenía una extraña obsesión con los ojos, las cejas y la cirugía ocular
Un equipo de científicos suecos y estadounidenses ha logrado descifrar un manuscrito de más de 250 años de edad. Utilizando las técnicas de la traducción estadística que emplea Google Translate han conseguido descifrar un mensaje secreto de unos 75.000 caracteres escritos sobre 105 amarillentas páginas. El documento, que se conoce como Cifrado Copiale, se encuentra en la Academia de Berlín Oriental desde la Guerra Fría y revela los rituales e inclinaciones políticas de una sociedad secreta alemana que tenía una extraña obsesión con los ojos, las cejas, la cirugía ocular y la oftalmología.

Existen una serie de documentos que acompañan a la humanidad desde hace siglos y nunca han conseguido ser descifrados. Algunos posiblemente sean complejos ejercicios de escritura sin significado alguno y jamás podrán ser descifrados. Pero otros, como el Cifrado Copiale, que provienen generalmente de sociedades secretas, poseen contenidos coherentes que permiten su tratamiento. A pesar de ello, se han resistido a revelar sus secretos durante cientos de años. Pero gracias a las nuevas herramientas informáticas esta situación ha comenzado a cambiar y el citado Cifrado Copiale -un manuscrito de más de 100 páginas con doscientos cincuenta años sobre sus espaldas- ha conseguido ser descifrado. Lo más llamativo de este logro es que su traducción ha sido posible gracias a las técnicas de la traducción estadística que emplea la herramienta gratuita Google Translate.
En efecto, el mismo sistema que utiliza la mayoría de los internautas que desean traducir un documento o una página web a su idioma ha servido para que un equipo de científicos suecos y estadounidenses, provenientes de la Uppsala University y de la University of Southern California Viterbi School of Engineering respectivamente, desvelasen el contenido de esas amarillentas páginas. El texto está compuesto por unos 75.000 caracteres y se encuentra desde hace décadas en la Academia de Berlín Oriental. Pertenece a una colección privada y está escrito a mano con una caligrafía muy clara. En el texto se pueden ver caracteres romanos, griegos y símbolos desconocidos. A excepción de una marca hecha por un antiguo propietario ("Philipp 1866") y una nota en la final de la última página ("Copiale 3") todo el contenido del manuscrito se ha codificado. El especialista en informática Kevin Knight, junto a sus colegas suecos Beata Megyesi y Christiane Schaefer procesaron el texto y consiguieron una versión legible.
 Knight y su equipo se concentraron primero en los caracteres romanos y griegos, pensando que podrían contener el verdadero mensaje, y atacaron el cifrado con herramientas convencionales. Luego de probar unos ochenta idiomas diferentes, llegaron a la conclusión de que estaban equivocados. “Perdimos mucho tiempo, y resultó un verdadero fracaso", explicó Knight. Después de asumir que esos símbolos estaban intercalados en el texto solamente como una distracción, se concentraron en los símbolos abstractos. Tras hacer algunas pruebas, descubrieron algunas palabras significativas, como “ceremonias de iniciación" o "sección secreta". Poco tiempo después completaron la traducción del libro, y se encontraron con un documento que revelaba los rituales y las inclinaciones políticas de una sociedad secreta alemana que tenía una extraña obsesión con los ojos, las cejas, la cirugía ocular y la oftalmología. El texto completo, en inglés, puede leerse aquí
El equipo de Knight planea utilizar las mismas técnicas y herramientas para intentar quebrar el cifrado de otros textos más o menos antiguos, como los escritos por el Asesino del Zodiaco estadounidense, el mensaje tallado en la escultura de granito que se encuentra frente a la CIA o el famoso Manuscrito Voynich.

Vía: http://www.abc.es/

martes, 15 de noviembre de 2011

Luces de cruce


De haberlo sabido,
me habría marchado contigo,
pintando de noches los días,
matando de miedo al tiempo 
que espera y no guarda su turno


que esconde besos de ceniza,
y no le importa los castigos,
que siempre ve oportuno
meterse cartones bajo el corazón
y no pasar frío.


De haberte mentido,
me habría ahogado en saliva,
creyendo que solo eran mías,
todas las estrellas que siembran las venas
del cielo y se hunden,


en caminos llenos de espinas,
con las horas nos hicimos amigas,
y ahora entre ortigas y cañas
me como a cucharadas,
el suelo y la intriga.


De haberlo soñado,
no habría almohadas suicidas,
que casi todas las mañanas
se tiran cuesta abajo,
al fondo de la mar
y en la proa de un barco


sueño que duermo en sus brazos,
tiritando de cariño,
con la razón por puñados,
y el alma endurecida,
como ramas de un olivo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Violencia doméstica: una mirada más amplia.

Con demasiada frecuencia asistimos impasibles a un trágico recuento; como si de una estadística más se tratase, en ciertos ambientes e incluso medios de comunicación, se ha pasado a tratar la escalofriante cifra de malos tratos contra la mujer como eso, una simple estadística. Quizás sea un simple mecanismo de”autodefensa” para no considerar en toda su dramática extensión lo que significan realmente las cifras de mujeres muertas por sus parejas o incluso exparejas. Quizás, quienes redactan las noticias, quienes trabajan desde los organismos del Estado encargados de lidiar contra esta lacra, deban plantearse el problema como simples cifras, par evitar pensar en lo que tras ellas se esconde: detrás de cada número, hay una mujer muerta, posiblemente también una pareja rota por el dolor y constituida por la mujer con un nuevo compañero, menos “macho ibérico” y más atento y dulce hacia su pareja que el anterior, ahora ya asesino. Las cifras también esconden el dramatismo y la crueldad de los hijos, ahora huérfanos de madre y, por si fuera poco, con el peso moral de que su padre fuese el animal que les arrancó de sus vidas a su madre. Las cifras, los porcentajes, las estadísticas, son sólo números, y a veces, las más veces, nos centramos en ellos para no pensar en lo que detrás se esconde, pues resulta una realidad difícil de asimilar.

A mi juicio, sometido a error como el de cualquier mortal, la violencia de género, uno de los componentes de un espectro mayor de actitudes violentas que tienen como punto en común el hecho de ocurrir parapetados tras los muros de las viviendas, y que se denomina en conjunto “violencia doméstica”, resulta incomprensible. Incompresible porque, estando en pleno siglo XXI, ciertos hombres parecen haberse quedado anclados no ya en el siglo XX, sino en la Edad Media. Siguen considerando a sus parejas, a sus hijos incluso, como una propiedad más, como si de un mueble se tratase. Y de ahí surge la repugnante frase, repetida hasta la saciedad por muchos “machotes ibéricos” – yo los llamo asesinos cobardes y repugnantes - de “la maté, porque era mía, porque era para mí o no era para nadie”. Pero que se va a esperar de un país que, hasta finales de la década de los 60, recogía en su Código Civil el derecho del varón de matar a la mujer si la encontraba cometiendo el horrible delito de adulterio. Hablamos de finales de la década de los 60 del pasado siglo, las mismas épocas en las que las mujeres estaban supeditadas a sus padres primero, a sus maridos después, y no podían tan siquiera abrir una cuenta de ahorros sin el permiso del “cabeza de familia”, a veces un descerebrado alcohólico y de mala sangre que impartía “su justicia” en sus dominios, en su casa.

Pero que nadie se alarme. La violencia doméstica en su conjunto, no es algo nuevo como nos quieren presentar ciertos medios. Para nada. Ya he hablado de lo que disponía el Código Civil pasada la primera mitad del siglo XX. La violencia del hombre contra la mujer es algo tan antiguo como la historia misma del ser humano. Ellas, siempre han sido, hasta épocas recientes, ciudadanas de segunda, y así han sido tratadas. Los asesinatos, las palizas, las agresiones verbales, tanto o más dañinas que las físicas, han estado siempre ahí, y se han establecido incluso en la “sabiduría popular”, por llamarla de algún modo. De ella salen citas como “la mujer y la sartén en la cocina están bien”, o pensamientos expresados en voz alta por el agente de la autoridad correspondiente cuando la mujer denunciaba haber sido víctima de una paliza de su marido: “algo habrás hecho”. Y sí, la víctima algo habría hecho: estar en el lugar equivocado junto a la persona equivocada, su marido o pareja, que debiera asistirla y protegerla y que, sin embargo, se ha convertido en su torturador e incluso verdugo.

El tema de la violencia doméstica (evito términos inapropiados como los de “violencia machista”) resulta desagradable y de difícil solución. Difícil porque, aún hoy, cuando se pregunta a la población por los principales problemas o preocupaciones, falta todavía la primera vez que en ese listado la violencia doméstica aparezca en los puestos de cabeza, e incluso que aparezca. Parece como si en el fondo, todos y todas siguiésemos pensando que la víctima “algo habrá hecho”. Es duro decirlo, pero es así.

Pero, el problema es conocido por todos, al menos por quienes vemos más allá de las cifras, de los números que nos muestran con tanta frecuencia los telediarios: detrás de cada número, hay un nombre y unos apellidos y, detrás de éstos, lo verdaderamente importante: una persona. Una persona maltratada, lastimada, vejada y en el más repugnante acto de un ser humano contra otro, asesinada.

Expuesto el problema muy superficialmente (tratarlo en profundidad nos podría llevar semanas), es hora de buscar soluciones eficaces. Y hablo de soluciones EFICACES, porque las que se han dado hasta ahora, no lo son en absoluto. La prueba es que las mujeres, siguen cayendo muertas a manos de sus exparejas. Entre las soluciones propuestas, y puestas en marcha, se halla una anunciada a bombo y platillo por las titulares del extinto Ministerio de Igualdad: la denominada “Ley Integral Contra la Violencia de Género”, apuesta estrella de una ministra con poco conocimiento real del problema y que falla desde su propio nombre: hablamos de violencia de género, y nos olvidamos del espectro amplio del que ésta forma parte: la violencia doméstica. Es cierto que la mujer parece ser la víctima principal de estas actitudes violentas en el seno de la familia, pero no menos cierto es que los menores, nuestros niños que son nuestro futuro, también sufren violencia dentro de la familia, a manos de sus padres y madres. Y los ancianos, olvidados por las Administraciones hasta la época electoral, reciben con mucha frecuencia malos tratos físicos y psíquicos, a manos de sus cuidadores, muchas veces sus propios familiares. También resulta frecuente el maltrato en el seno de una pareja de avanzada edad, maltrato de la mujer cuidadora a su marido incapacitado por enfermedad; este maltrato de mujer a hombre, se explicaría según ciertos autores como una especie de revancha, por los años de maltratos recibidos de su marido por esa mujer o, simplemente, por los años de sumisión y obediencia ciega al marido. Ahora que éste no puede defenderse, que está débil, sufre las consecuencias de sus actos pasados, algo que, si bien es comprensible, también es una actitud repugnante y penada. Y no nos olvidemos del maltrato de mujer a hombre, que también existe (incluso hay autores que afirman que en el mismo grado y número que el maltrato de hombre a mujer), aunque poco se habla de él, generalmente por vergüenza del machito ibérico ante tal situación.

En todo caso, ¿Cómo podemos parar esta lacra? ¿Es eficaz la citada Ley Integral Contra la Violencia de Género? La primera pregunta es de difícil respuesta, pero creo, sinceramente, que la baza más importante que debemos jugar es la de la educación: formar a nuestros niños en la cultura de la igualdad, del respeto hacia los demás, y por supuesto, hacia sus parejas. El gran problema de esta apuesta es el cambiante sistema educativo español, sometido a los caprichos de politicuchos de derechas y de izquierdas que quieren el sistema de enseñanza adecuado a sus ideales, en lugar de pactarlo conjuntamente y pensando el bien de los menores. Otro problema de atacar a la violencia doméstica de este modo, sería que los resultados tardarían generaciones en verse, puesto que a nuestros pequeños, todavía les falta para ser los hombres y mujeres del mañana, que serían los que demostrarían si la política había sido o no eficaz. De modo que, en ese intervalo de tiempo, deberíamos adoptar otras medidas incluso punitivas para garantizar el derecho a la vida y la integridad física y moral de mujeres, hombres, ancianos y niños sometidos a maltrato del tipo que fuese.

Ahí es donde entraría en juego una Ley Integral, no contra la Violencia de Género, sino contra la Violencia Doméstica en su conjunto. Y llegamos a la segunda pregunta, sobre si es eficaz la Ley Integral Contra la Violencia de Género. La respuesta nos la dan las estadísticas. Seguimos asistiendo a un goteo de muertes por violencia doméstica, un alto porcentaje de ella por violencia de género (de hombre agresor, a mujer víctima) pero con una preocupante tasa de maltrato infantil y a los ancianos, de los que, sin embargo, no hay datos. En efecto, las propias autoridades responsables de luchar contra la violencia doméstica, se han percatado recientemente de uno de sus errores: no había cifras de maltrato infantil. Y de maltrato a los ancianos, simplemente ni se ha hablado.

El fracaso de la Ley Integral Contra la Violencia de Género, era previsible, en tanto que considera únicamente el supuesto de agresión de un hombre a su pareja, castigándolo con más severidad que el maltrato de una mujer a un hombre, el maltrato infantil o el maltrato a los ancianos. Se crean a través de la citada Ley, los juzgados especializados en violencia de género, muy bien dotados de personal y medios, pero a los que no puede acudir un hombre agredido por su pareja. Y aquí llegamos al no va más de la citada Ley; las parejas homosexuales de gais y lesbianas no pueden acogerse a dicha ley ni a la cobertura que a través de ella se da a las víctimas, pues, como se ha dicho con anterioridad no son instrumentos para luchar contra la violencia doméstica en conjunto, sino un instrumento para luchar contra la violencia del hombre hacia la mujer, de lo que quizás podamos extraer la conclusión de que dicha Ley, ha sido elaborada a prisa y corriendo y pensando en la obtención de réditos políticos al actuar sobre uno de los delitos más frecuentes y que más alarma social generan.

En definitiva, como conclusión del artículo y a modo de reflexión personal – repito, sometida a error como la de cualquier ser humano – quisiera incidir en las que, a mi juicio, podrían constituir al menos el punto de partida para acabar con la violencia doméstica en su conjunto. La medida estrella, no cabe duda que sería la educación de los hoy niños, mañana adultos en materia de igualdad, de respeto a los demás. Pero sería una medida de “efecto a largo plazo”, puesto que no veríamos sus resultados hasta que pasasen varias décadas. Y, mientras tanto, se debería reformar o directamente derogar la Ley Integral Contra la Violencia de Género, y crear una nueva Ley Integral Contra la Violencia, pero en este caso, contra la Violencia Doméstica y no sólo de género, con objeto de dar cobertura a todas las víctimas de dicha violencia, con independencia de su sexo, edad y orientación sexual.

“Mientras gritas a tu mujer, hay un hombre que está deseando susurrarle cosas bellas al oído. Mientras golpeas a tu mujer, hay un hombre deseoso de acariciar con ternura y suavidad su piel. Mientras insultas, a tu mujer, hay un hombre deseando decirle lo increíble que ella es”.