domingo, 23 de marzo de 2014

Y entonces pudo prometer, y prometió.

Todos los jóvenes españoles que  estamos cerca de los 30 años, hemos nacido en Democracia, en una Democracia estabilizada después de una ya esperada difícil transición desde un régimen totalitario carente de libertades ciudadanas. Y esta etapa tan importante de la historia moderna de España, necesitaba sacrificios, personas capaces de dejarse caer para poder levantar una Democracia en pañales llena de miedos y dudas. 

Y entonces pudo prometer, y prometió.


La primera imagen que viene a mi memoria del Presidente Suarez es la de su intervención dando a conocer su dimisión como Presidente del Gobierno y de la UCD (Unión de Centro Democrático. Un semblante serio, con grandes síntomas de cansancio acumulado, con una mirada profunda en la que parecía mirar a los ojos de cada español, incluso hoy en día sigue teniendo esa fuerza. Recuerdo como comenzaba aquel discurso:

"Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor"


Y es que Adolfo Suarez sabía cual era su papel cuando en junio de 1977 se convertía en Presidente del Gobierne después de las primeras elecciones democráticas:elaborar el texto constitucional y garantizar el desarrollo y estabilidad del joven y precario sistema democrático. Su función era ser el Presidente del cambio, el primero, el que recibiría todos los golpes, de los partidos políticos, de los seguidores del anterior régimen, de los grupos políticos recién legalizados, de los altas instancias militares que miraban con recelo el panorama naciona, de la sociedad en general. Recibió el apoyo condicional de la Corona, pero tanto peso político en su espalda acabó por dilapidar su vida política, y su salud.

Y allí estuvo sentado, impasible mientras Tejero destrozaba el techo del Congreso a disparos y todos los diputados se agazapaban debajo de su escaño. Impasible, hasta el final dando la imagen de lo que fue. Un hombre de Estado.

Por eso estas lineas de homenaje a un estadista ejemplar, un político que sacrificó su vida política por todos los ciudadanos, para que sus libertades estuvieran garantizadas y el futuro tuviera un poco más de color. Ya nos gustaría a todos que ese sacrificio político sembrara conciencia en los políticos actuales, a los que cada vez parece interesarles menos la ciudadanía.


Por todo lo sufrido Presidente Suarez, no hay palabras para expresarle mi gratitud.


Tranquilo por no recordar, nosotros nunca le olvidaremos



Descanse en Paz




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