jueves, 24 de julio de 2014

Cicatrices que no han dejado de llover

Lo primero que recuerdo era el silencio de los feriantes, y ese latido de angustia en el aire que zarandeaba las ramas de los árboles de la Alameda solo interrumpido por el el griterío de sirenas que llegaban del sur. Y de repente la marea de gente. Colapsaban el Franco con la mirada perdida como contando las gotas de lluvia en en el empedrado que desemboca en Porta Faxeira, Nadie hablaba, solo se oían algunos teléfonos :"Estamos Bien".
Entonces me di cuenta de que las pesadillas a veces suceden en este mundo.
Lo segundo que recuerdo y ahora emborrono en este papel es la inmensa cola de gente para donar sangre y la cara de la enfermera en estado de shock, con alguna lágrima por la cara al ver la respuesta ciudadadana. Distintas personas, el mismo (otra vez) silencio. 

Y es que aquella noche se demostró que el Espíritu de Angrois, lo llevamos todos dentro. Aquellas gente que, cuando dos semanas después me acerqué hasta el lugar, se emocionaban al relatar el suceso, con tanto dolor, que al apretar los dientes, la rabia se podía sentir en la mirada. Algunos apretaban el puño acordándose de algunos políticos, otros simplemente no podían hablar, No hay palabras para recoger tantas ilusiones perdidas. En ese momento pasó un tren. Y con la mirada perdida, miraban su traqueteo, mientras se cogían del hombro.






Y como dice Sabina: "Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido"

Los días pasaron atragantándose al respirar y la Noria de aquel Apóstol giraba con una inercia desganada, ni siquiera los pájaros tenían el mismo canto. Otoño en pleno Julio. 

Desempolvando versos me acuerdo de algo que escribí aquel fatíídico Día de Galicia, jueves 25 de Julio de 2013.

Recuerdo perfectamente la frase con la que cerré casi sin fuerzas la entrada.

Maldita sea, ojalá nunca tuviera que escribir esto. 

Ojalá.



Ahora sois poesía,

suspiros sin lágrimas ni nubes negras,
lluvia que seca el rocío,
corazones de azul y blanco,
abrazos sin espera,
el agobio de la alegría,
soledad entre el gentío.



Ahora sois poesía,
setenta y ocho sonetos, repletos de luz,
rimas asonantes, acentos de cariño,
regatos de vida, camino de vuelta,
la mirada de mis ojos, en el mar, el azul,
Compostela de angustia repleta.



Ahora sois poesía,
cantigas, recuerdo, bastones peregrinos,
héroes de Angrois, donantes de esperanza,
sudor de bombero, lágrimas de policía,
abrazos de edredón,  futuro de caricias.



Si, ahora sois poesía,
charcos de llanto por el Vilar,
piedras silenciosas, sirenas varadas,
ronroneo de las riberas del Sar,
Alameda desalmada, de orquestas enlutadas.



ya están saliendo, poco a poco, ¿no los veis?
Allí en el horizonte de esta noche con desvelo,

Son setenta y ocho trenes hacia el cielo.

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