lunes, 28 de diciembre de 2015

Limpiando aquel viejo cajón (I)

Papel en blanco. Silencio de tinta. Sed de lectura. Risa sin garganta. El mayor de los desafíos.


No te lo tomes a mal, pero la mayor motivación que tengo para escribir en este almanaque de amarillos presagios, es simplemente el cimbrar con cuidado letras que no quieren ser abrazadas, ególatras de sus acentos.

Entiendo que tú, querido lector de este saco de pensamientos a veces con ímpetu reducido y frases descoloridas, pienses que eres el principal receptor de los reversos que servidor escribe. Y en teoría así ocurre. La práctica es que me retroalimento de lo escrito, como si de un bucle de energía sintáctica se tratase.

Y todo lo que escribo no llega a este espacio virtual, mucho muere en el rápido peregrinar del camino a la papelera o el aún más inmediato cmd+borrar. El sentido de las letras tiene que ir cosido a la espalda del sentir de manera que su giro sea coherente, y su aterrizaje lo menos forzoso posible. El arduo camino del poeta; mantener una posición de confort cerca del camino de baldosas amarillas. Y de vez en cuando darles barniz para no perder la ilusión.

En esas estamos.

Barnizando.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Necio


Necio,
como un rugir de sueño,
el más febril de los otoños,
el más liviano de los fardos rotos.

Necio,
como las palabras sin eco,
tu garganta llena de maleza,
mi subir al fondo de aquel foso.

Necio,
como las semillas de vejez,
como un abrazo de pereza,
verjas del día después,

Descanso del que añora seguir caminando.




Foto original de Guillermo Díaz

sábado, 8 de agosto de 2015

Candelas



Sudando ceniza de asfalto,
gotas de vino amargo,
sombras asombradas por agujas,
noche de bujías y motores calados,
en tu arrabal mis últimas arrugas,
mi querer llegar, marchando.

Resplandor, oscuridad desvelada,
como quien pinta de muerte el ocaso,
lágrimas de fuego de lunas menguantes,
yo que me creía en la última playa,
y sólo soy rey de este almanaque,
de desvelos amarillos y recuerdos amargos.

de renglones torcidos y paisajes ciegos,
alma que no siente, pero pesa.


foto original de Guillermo Díaz.


sábado, 25 de abril de 2015

Memoria de jóvenes lemavos (I) . La Sinfonola

Quizás, tú, adolescente que lees estas lineas, lo que viene a continuación te suene pasado de moda, disuelto en un tufillo de melancolía, cerrado con polvo de años caducados. Te sonará a pasado, pero fue uno de tantos momentos que marcan ciertas pauta a seguir en la rutina de los días. 


Pasen y vean. Mejor oigan, porque esto va de radio.



Lo recuerdo con mucha claridad, una cinta de 90 minutos TDK, no hacía falta que fuera de cromo. No había torrent, ni MEGA, ni mp3, mi walkman tenía pletina para cassette (¡con autoreverse!) veíamos películas en VHS. Nuestra red social era el parque del Vivero y nada de mensajería instantánea, llamadas contadas por el teléfono fijo y si no a llamar al portal estropeando alguna que otra siesta parental. Luego la hora de la merienda, un par de capítulos de Son Goku y de las aventuras científicas del loco mundo de Beakman, justo para hacer tiempo para encender la Radio. Sonaba ese coro vocal diciendo que Monforte era Principal. Comenzaba la Sinfonola.

Y es que teníamos un plan bárbaro, los colegas nos turnábamos para llamar y pedir canciones, Rafa las pinchaba con dedicatoria y las grabábamos en cinta. Fácil y sencillo. Luego nos dejabámos las cinta. Como decía Quique González en una de sus canciones, ¡Cuando éramos reyes!

Y así tardes y tardes, conociendo nuevos artistas, nuevas formas de entender la música. Era mágico. Una llamada y de repente tus deseos musicales se convertían en realidad. Y luego el fardar de que ayer te saludaron por la Radio. Eso no hay retweet que lo iguale.

A muchos de nosotros las horas las marcaba rumbo del rombo Renault. Nosotros éramos de la Sinfonola. Y lo seguimos siendo. Eso si que era una buena red social y a que ahora tiene su continuación en un grupo de Facebook. Amor por la música. 


Gracias por todo Rafa. Por todo.

jueves, 15 de enero de 2015

Suerte -Poema [1]





Suerte es saber decir sin hablar,
rasgar sin aclarar el tiempo,
Suerte es el camino discreto,
del que no puede reaccionar, 
caminos de nubes de cielo,
eterna moneda de dos cruces.

Suerte no son seis letras ni una cantinela,
  son caricias de tacto agridulce,
una marea de incompleta serenata,
la mas terrorífica duermevela,
una mirada fría que no mira pero habla

Suerte es el final de la luz,
un vals antes de bailar,
una brújula obsesionada con el sur,
tu lapicero de ausencias,
mi utópica idea del rocío secar,
el robar palabras por inercia.

Suerte es cada vez que se repite,
un sonido seco, casi roto,
alegría de estos días inciertos
palpitar rítmico y poco sonoro,
el eterno abrazo entre tu piel y mi tiempo.

jueves, 8 de enero de 2015

Algunos hombre buenos


Si ahora no eres humilde recibiendo, el día de mañana no serás generoso dando

Siempre tenía un gesto reconfortante, una mirada perdida en el centro de la ternura, capaz de tirar del alrededor de tus inquietudes y hacerte sentir orgulloso de ti mismo.
El que hoy escribe esto, no hace muchos años, aprendió mucho de lo que hoy conoce de respeto por su forma de ser, de reconocer la religión como una pasión y ayuda a los demás, de como la catequesis puede ser divertida y no obligada, de como cualquiera puede ser importante, de como los que menos tienen son los cimientos de las calles por construir, de como se emocionaba al ver que lo escuchabas. Esa, esa la grandeza. Ser más humilde cuanto más cariño recibes de los demás, y volcar todo ese cariño en fundar Auxilia, que ese cariño recaiga en personas analfabetas de caricias. 
Es muy difícil en los tiempos que corren hacer barrio, crear una corriente de viento a favor, en la cual todo el mundo, de la creencia y forma de ser que sea, te respete por lo que eres, no por lo que quieran imaginar. En las últimas horas se repite la misma despedida, cuatro palabras que, por desgracia, no se repiten todas las veces que se tendrían que repetir diariamente: Era una buena persona

Ahora, con la perspectiva que dan los años y las comparaciones (no siempre odiosas), se ha ido el Bergoglio de Monforte. Descanse en Paz.

Sirvan estas palabras como un  sentido hasta luego.


A la  memoria de Miguel Díaz Mayoral