miércoles, 9 de noviembre de 2016

De cuando los deberes no eran para tanto.

Vereis, desde hace algunas semanas se está montando un revuelo que crece, como esa bola de matojos de los espagueti westerns, debido al debate de si los niños de primaria deben hacer o no deberes. Llevo unos días pensando que escribir, e incluso si este tema necesita una reflexión subjetiva de este que os escribe. La verdad es que no la voy a hacer. Yo sólo os haré un corto ( no llega a película y ni siquiera de serie B) de mis deberes.

Para empezar mi reflexión empecemos por el revés. Las Extraescolares: Esas grandes desconocidas. Nosotros en el Colegio Ferroviario teníamos extraescolares, claro que sí. No es un invento nuevo ni lo será aunque le cambien el nombre para venderlo como revolucionario. Las clases terminaban a las cinco de la tarde y a partir de ahí podías elegir entre diversos deportes y actividades como baile tradicional gallego. Como comprendereis el fútbol era lo más elegido, aunque nunca ganáramos ningún partido en la liga escolar... Nuestro entrenador decía al empezar la liga : "Si ganáis un partido, me afeito el bigote", hoy sigue con esa estupenda mata en el labio superior.  Pero eso será tema de otro post.

Poneros en situación, 6 y pico de la tarde, invierno, Monforte, niebla. Vale. Llegar a casa, y en mi caso, yo tenía todo planeado. Primero hacía los deberes, normalmente cosa sin demasiada complicación ya que es un repaso de lo dado en clase. Y ahí está el que yo creo que es el principal problema de los chavales de hoy en día. El déficit de atención. Si no atiendes en clase, si no entiendes lo que el (malvado/a profesor/a) explica, los deberes pueden ser un suplicio. Horas perdidas delante de un cuaderno rallado (decía el otro día un "experto" que los chavales se pasan de media 3 horas al día haciendo deberes)  intentando pasar al mínimo común múltiplo unos quebrados ( lo siento. soy viejuno y le llamo así), analizando sintácticamente oraciones en las que ni directa, ni indirectamente ves el complemento. Ese para mí es el gran problema, eso y la manía persecutoria de diversas asociaciones de alumnos de culpar de todo a los profesores. Ojo, que no digo que sean todos unos magníficos docentes. Pero no son tan malos como nos los pintan. Una señora muy arreglada, salía el otro día en la televisión diciendo que la educación de sus hijos depende del nivel del profesorado. Claro, balones fuera algo muy de moda en este cainita país. Y luego la frase que me encanta de, " es que mi hijo/a es muy listo, lo que pasa es que no tiene motivación". Esa frase que la madre o el padre le escuchó al psicólogo/a del colegio. Que daño. Yo he crecido sin psicólogo. Y aquí estoy. Con capacidad de realizar textos complejos de más de 10 líneas. Soy un superviviente de la EGB.

Que me lío, que después de mis deberes, venía el Xabarín Club de la TVG, con mi amigo Son Goku, Hatori el ninja, y si nos ponemos estupendos Doraemon. Esto con el bocata. Benditas meriendas. Felicidad. Con las x ya despejadas de las ecuaciones y la formulación química terminada.

Crecimos con deberes, y con el deber de aprender para poder crecer. No creo que nadie de la generación del 85 se queje de que le ponían muchos deberes. Me imagino llegando a casa y diciéndole a mi padre, "es que me pusieron muchos deberes...". Y  la respuesta: "Algo harías".

España, país en el cual de cualquier cosa hacemos una bola de matojos. 



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