viernes, 7 de diciembre de 2018

De libros, Reina Roja


Antonia Scott es especial. Muy especial.
Imagen relacionadaNo es policía ni criminalista. Nunca ha empuñado un arma ni llevado una placa, y, sin embargo, ha resuelto decenas de crímenes.
Pero hace un tiempo que Antonia no sale de su ático de Lavapiés. Las cosas que ha perdido le importan mucho más que las que esperan ahí fuera.
Tampoco recibe visitas. Por eso no le gusta nada, nada, cuando escucha unos pasos desconocidos subiendo las escaleras hasta el último piso.
Sea quien sea, Antonia está segura de que viene a buscarla.
Y eso le gusta aún menos.



"Toda la mañana cocinando para luego comer en quince minutos". Frase muy de madre y que se puede extender a esta reseña literaria. Dice Juan Gómez-Jurado que este libro le ha llevado 3 años de trabajo. Lo he leído en 3 días.

Y no lo he leído tan rápido porque sea un libro corto, ni porque tuviera excesivo tiempo libre, lo he leído tan rápido porque no he podido parar de leerlo. Y es algo que me paso con los libros de Jurado. Me abrazan con cada párrafo y no me sueltan hasta terminarlo.

Cada capítulo de este libro es una oda a la adición literaria, al un capítulo más y apago la luz, al  me meto el libro en la mochila por si tengo diez minutos libres, al querer viajar en tren y que por una vez en la vida, no me moleste llegar con retraso. La estructura de los personajes es a la vez tan dispar como familiar, los sientes con vida propia y con la sensación de haberlos conocido antes. El mundo Jurado es un frenético parque de sensaciones con un ritmo apabullante desde la primera hoja. Algo que muy pocos autores consiguen hoy en día.

La ambientación de la novela, pongamos que hablo de Madrid, no es tan profunda o particularmente no he sentido la necesidad de que me introdujera más en la historia que en otros de sus libros, quizás porque es patria o quizás porque los personajes son tan redondos, que daría igual que ocurriera en otro sitio. El sentido de la novela es el devenir de los personajes, no el dónde, pero quizás si el cómo. 

Para terminar estas lineas quisiera obligarte a algo. Ponte a leer a Juan Gómez-Jurado. Cualquiera de sus libros. Ponte a leerlos. Nunca llegarás a ser tan todopoderoso como él, o a buscar dragones en tierras ignotas, pero podrás repetir, cerrando el libro una vez terminado,

Lo ha vuelto a hacer. Este maldito lo ha vuelto a hacer.

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